Las grandes conjunciones de los planetas

Pedro Ciruelo

Las  grandes  conjunciones de los planetas.

traducción de Giuzzeppe  Bezza (Arcana Mundi,  p. 599-630).

La doctrina de las conjunciones de los planetas superiores  pasó  de los Árabes a la astrología del occidente medieval  y allí encontró tanto a sus partidarios como a sus críticos.  Pedro Ciruelo le reprochará  a Abu Ma`shar el haber construido una secuencia errada por dos motivos: por la inexactitud  de sus tablas astronómicas  y por haber propuesto un ciclo regular basado en el movimiento promedio. En efecto, siguiendo las tablas alfonsinas, que utilizó Ciruelo, el intervalo entre dos conjunciones mayores de Saturno y de Júpiter  (cuando se  produce un cambio de triplicidad) es inferior a los 200 años y  por otro lado la diferencia entre las conjunciones medias y las correctas es a menudo de alrededor de 10 meses. El capítulo de Ciruelo no obstante es relevante por dos motivos: por un lado una clara exposición del procedimiento de Abu Ma`shar, por el otro es uno de los últimos textos en los cuales se trata acabadamente esta doctrina, ya que las locas predicciones de los astrólogos en ocasión  de la conjunción de 1524 indujeron a su rápido abandono. Ademàs, a parte de las crìticas de las que hemos hablado, Ciruelo acepta la doctrina en sus trazos fundamentales.

Nacido en 1470 en Daroca, en España, Pedro Ciruelo  es uno de los representantes  de aquella astrología de fines de siglo que reacciona al influjo árabe. Matemático, publica  l`Aritmètica y geometría especulativa  de Th. Bradwardine (1495), la esfera del Sacrobosco con las anotaciones de P. d’Ailly (1498), un tratado de matemática (1526). Estudiò teología  en Parìs: de sus penas de teólogo nacieron l’Opus de magica superstitione, Alcalà 1521 y la Reprobación de las supersticiones y hechizerias, Alcalà 1530. Permanece teólogo en su tratado  de “astrología cristiana” , donde condena a los astrólogos que tejen una tela con fibras de diferente género y mezclan la superstición con las ciencias naturales. De este defecto ni siquiera se libran el QUADRIPARTITUM  ni el Centiloquium de Tolomeo y por consiguiente  en su tratado el autor tiene la intención de considerar la doctrina de Tolomeo. La obra es precedida de una apología de la astrología judiciaria  y de una refutación de la crítica de Pico della Mirandola.

  1.   Cinco categorìas de los astros.
  2.  La opinión de Albumasar.
  3.  Número de las grandes conjunciones.
  4. Refutación de la opinión de Albumasar.
  5. Sumario de la doctrina de Albumasar.
  6. Figuras de las grandes conjunciones.
  7. Del modo en que se juzga una una gran conjunción.
  8. Del tiempo de su efecto.
  9. De la conjunción media de los superiores ahora vigente.
  10.  De las grandes alteraciones atmosféricas.
  11. De la conjunción máxima  que està vigente en nuestro tiempo.
  12. De las conjunciones menores de nuestro tiempo.

 

De las cuatro grande conjunciones de los tres planetas superiores,

Tres de las cuales, la máxima, la media y la menor,

Son las conjunciones de Saturno y Júpiter,

Y la  cuarta es aquella de Saturno

Y de Marte en Cáncer.

1. Cinco categorìas de los astros

En el tercer capítulo del primer libro hemos dicho que orden debe ser observado respecto a las cualidades activas de los planetas, aunque sus perfecciones esenciales deban tener un orden variado (1). Tolomeo, hombre eruditísimo en toda ciencia, distingue la virtud activa que los astros tienen sobre nosotros en cinco categorías. El Sol tiene la primera y suprema y es llamado luminaria mayor, la segunda categoría es la Luna, que se le dice, no ya por su masa corpórea, mas por su sola virtud activa, gran luminaria, más pequeña que el Sol no obstante. La tercera categoría ubica a los tres planetas superiores Saturno, Júpiter y Marte, cuya misma disposición muestra la suya propia y diversa virtud, como el primero supera al siguiente en virtud eficiente hacia nosotros.  Los dos planetas inferiores, Venus y Mercurio, ocupan la cuarta categoría en esta disposición, en cuanto que Venus es más potente que Mercurio. Luego de todos los planetas, la quinta categoría de virtud activa es asignada a las estrellas fijas  de la octava esfera. Entre ellas hay sin embargo seis clases de magnitudes diferentes, que producen y llevan a término las gradaciones de sus virtudes, suponiendo iguales sus latitudes y declinaciones y altitudes sobre nuestro horizonte, porque verdaderamente, si no fuesen iguales, incluso la estrella más pequeña demostraría en nosotros una mayor  virtud activa, etc. Tras estas premisas, Tolomeo concluye que, respecto a los juicios de los tiempos, las dos luminarias causan las mayores y más universales mutaciones en este mundo, los otros astros aquellas menores y particulares. Estima por lo tanto que no puede haber en el cielo una constelación más grande que la de las dos luminarias, máxime si sucede sobre la eclíptica y es central: aquí de hecho sus virtudes se unen válidamente y se genera una sola y gran virtud. Después de esta conjunción, pon la oposición de las dos luminarias y mayormente si sucede en la eclíptica y es central, a causa de una mezcla similar de virtud a lo largo de la misma línea recta. En cuanto a los otros planetas, poco o nada pueden ocasionar sin la conjunción o la oposición de las luminarias, según Tolomeo, tan querido y docto, considera.

2. La opinión de Albumasar

A esta declaración racional se opone Albumasar y, después de el, Alcabizio y muchos otros entre los astrólogos vulgares, los cuales consideran que la virtud activa de los planetas debe ser determinada y ordenada siguiendo su disposición en el cielo, de modo que los planetas superiores sean mayores, en cuanto a virtud y operación, de los inferiores, de las luminarias inclusive, y declaran lo que dice Tolomeo en el último capítulo del Quadripartito: los significados  de Saturno se corresponden a los lugares y tiempos universales, los de Júpiter a muchos años, los de Marte a pocos, mientras que la virtud del Sol, de Venus y de Mercurio a los meses y la Luna conviene a los días (3). Seguramente Tolomeo tratando aquí de los juicios sobre la genitura, no tiene en consideración las mutaciones generales de los tiempos, sino que intenta solamente enseñar las progresiones y las direcciones de los lugares de los prorrogadores en el decurso de la vida humana (4).

Albumasar, por su parte, sostiene la opinión contraria y al comienzo de su libro de magnis coniunctionibus distingue la naturaleza de los planetas según el movimiento simple y triple de los principales cuerpos del universo: aquel circular, aquel en línea recta a partir del centro y aquel  en línea recta hacia el centro. Asimila por lo tanto al movimiento circular y eterno los tres planetas superiores, al movimiento recto hacia arriba con el Sol y al movimiento recto hacia abajo con los tres planetas inferiores que están debajo del Sol. Luego de esta aserción, prosigue diciendo que en los planetas superiores está impreso el significado sobre todos los eventos cuyo tiempo es muy extenso, tales como los cambios de dinastías, las religiones y la legislación de los pueblos, y esto a causa de la afinidad de estos planetas con el primer movimiento, que es largo y perpetuo y causa una serie perpetua de eventos naturales, como enseña también Aristóteles en el segundo libro del “De Generatione”. La luminaria del día, el Sol, es referido, en cuanto a su virtud operativa, al segundo movimiento, aquel recto desde el centro, por la siguiente semejanza: como el Sol es medio entre los movimientos celestes de los planetas, así el movimiento recto hacia  arriba es medio entre los otros dos movimientos simples.  Por lo tanto fue establecido en el Sol el significado sobre el rey y las leyes de los pueblos, los cuales  no son duraderos como aquellos de los imperios  y de las religiones. Finalmente, los planetas inferiores fueron referidos al tercer movimiento, que de los astros es el más inferior y es aquel recto hacia el centro del mundo, y esto a causa de la cercanía de estos al mundo mismo y de su bajeza ya en el orden planetario, ya en la jerarquía de los movimientos simples. Por lo tanto fue reconocido en estos planetas el significado sobre las cosas (5) más breves, a causa de la velocidad de su movimiento.

A continuación, subdivide cada una de las divisiones anteriores y dice que los planetas superiores, que significan lo que es duradero y que se extiende por largo tiempo, se dividen en tres maneras, porque tales cosas tienen un inicio casi silencioso y lento, un desarrollo  y luego una conclusión, finalmente, siendo corruptibles, sufren una disminución y un total anonadamiento. Ahora, el primero de estos significados  va referido a Saturno, que es el primero y superior entre los planetas; se dice de hecho que significa las grandes vicisitudes y los cambios radicales de las leyes  y de las religiones y, en general, todo lo que se desarrolla en largos espacios de tiempo, por ejemplo toda doctrina y religión que abraza muchas generaciones y muchos años. A Júpiter, segundo planeta en orden, se refiere el significado del incremento y del cumplimiento de tales cosas. De hecho, luego del inicio de cualquier religión, aparecen las leyes, las prescripciones, las disposiciones públicas para la conducta del pueblo en conformidad con aquella religión y con estos decretos la nueva religión se consolida. A Marte, después, tercer planeta, se refiere el significado pertinente a la disminución, término y fin de tales cosas. En verdad, comúnmente, la cesación y el fin de una religión dada proviene de la guerra y de la discordia entre los citadinos de todo el reino o de la provincia donde aquella religión se ha establecido. Marte tiene por otro lado un significado sobre la guerra y la victoria de los príncipes que causan la disolución del estado precedente y la destrucción de lo que garantiza el orden, junto con la introducción de todo lo nuevo, una nueva religión u otros, etc. Ahora, cualquier doctrina o religión, cuando está completa y en desarrollo, se da reyes, príncipes, jefes populares, cuales defensores y promulgadores de las propias leyes y de la propia forma de gobierno. Dice por lo tanto que este significado es relativo al Sol, en tanto que medio entre los planetas.

Los planetas inferiores al Sol se dividen en tres partes siguiendo el mismo criterio expuesto respecto a los planetas superiores y siguiendo un significado similar. De hecho, entre las cosas de menor orden y de más breve duración, la primera es el matrimonio y la unión, con el cual comienza una comunidad y una ciudadanía. Este significado es atribuido a Venus, que es el primero de los planetas inferiores y corresponde al significado  de Saturno, que es el primero entre los superiores y al cual se atribuye el inicio de los grandes eventos.  El consolidamiento de la unión y de las otras condiciones es su cumplimiento y se da mediante la escritura y mediante el número y otros instrumentos similares que son atribuidos a Mercurio, segundo entre los planetas inferiores. Y Mercurio corresponde a Júpiter, que es el segundo entre los superiores y que significa el cumplimiento de los grandes eventos. El venir a menos, la disminución y el fin de toda cuestión humana sucede por mudanzas,cambios de lugares, por alejamiento y por otras variaciones similares, todas cosas cuyos significados convienen a la Luna, que es el más inferior entre los planetas y corresponde a Marte, tercero entre los superiores y que suscita el decrecer y el fin de los grandes eventos.

Estas cosas declara Albumasar, y si no son sus palabras exactas, al menos este es su sentido. Pero todo esto parece en gran medida arbitrario y expuesto caprichosamente, en ausencia de toda motivación natural y no resistiendo la justa condena de quien argumenta rectamente. Hay sin embargo aquí mezcladas muchas cosas que son dignas de ser consideradas, en tanto que su sentido es correcto, aunque tal vez no era esa su intención, anteponiéndoles a las luminarias los otros planetas en cuanto a la virtud activa, y se considera pues  que sus conjunciones son superiores a las conjunciones del Sol y de la Luna. Esto se funda en premisas falsas en realidad.

3. Numero de las grandes conjunciones.

Veamos entonces cual es la opinión de Tolomeo en este sentido, astrologo naturalísimo. El dice en la proposición 50 de su Centiloquio: “no descuidar las 120 conjunciones de los planetas, porque en ellas reside el conocimiento de todo lo que en el mundo se genera y se corrompe (6)”.  Pueden darse efectivamente 21 conjunciones binarias de los siete planetas, 35 ternarias y 35 cuaternarias, 21 quinarias, 7 senarias y una septenaria. No pretendemos tratar sobre todas estas, no siendo todas grandes conjunciones, porque algunas suceden frecuentemente y tienen duración breve, como aquella del Sol con Mercurio o de la Luna y Venus y muchas otras que son pequeñas  por su corta duración; pero aquellas que son más raras y de largo período deben considerarse grandes, como es la conjunción de Saturno y de Júpiter, de la cual Tolomeo, en la proposición 63 del Centiloquio, dice : ” En la conjunción de Saturno y de Júpiter en el mismo minuto, debe ser considerada la elevación del uno sobre el otro y juzgar según la fuerza de su naturaleza , o de cual está elevado respecto al mundo; esta conjunción tiene de hecho efectos admirables, en particular cuando es en el ascendente del año o en el eclipse del Sol y de la Luna, y este mismo criterio se debe seguir en las otras conjunciones (8).”

Ahora, estas conjunciones son descriptas por Albumasar en número de 6. La primera y la más grande de todas es la conjunción de Saturno y de Júpiter al principio de Aries, que es el equinoxio vernal y otra similar no se produce si no después de 960 años, y habla aquí de los años árabes que son lunares y compuestos de 354 días, no considerada la intercalación, etc. La segunda conjunción, menor de la precedente, es aquella de los dos mismos planetas superiores al comienzo de cualquier triplicidad sucesiva; y el afirma que hay 12 conjunciones en cualquier triplicidad y cada una de estas tiene una duración de 240 años, al termino de los cuales se repite en la triplicidad siguiente. Y estas triplicidades son ordenadas, como hemos dicho en el primer capitulo del primer libro, en el siguiente orden: ígnea, terrestre, aérea, acuática. La tercera es la conjunción media de Saturno y de Marte en el signo del Cangrejo, que no se repite si no luego de 30 años. La cuarta es la conjunción menor de Saturno y de Júpiter  cada 20 años, reproduciéndose cada 20 años en la misma triplicidad de los signos. El denomina entonces conjunción mayor la quinta, que es el ingreso del Sol en Aries una sola vez cada año, y otros la llaman, más adecuadamente, revolución del año. De esta trataremos en el capítulo tercero. La sexta es la conjunción mensual del Sol y de la Luna, que se unen en una vez por mes, pasando por todos los signos del zodíaco, de la cual trataremos en el capítulo cuarto.

4. Refutación de la opinión de Albumasar

La enumeración de Albumasar presenta muchos errores. Primero, la conjunción de las luminarias no es siempre grande, sino cuando es eclíptica o defectiva o cuando precede a una gran conjunción de los dos planetas superiores, en cuanto, por la virtud de ellos, se extiende muchos años; o incluso cuando precede el ingreso del Sol en Aries, porque entonces aparece una virtud universal sobre todo el año. Pero solo en estos casos la conjunción de las luminarias tiene gran virtud, como por otra parte sus oposiciones precedentes y también cuando una de ellas precede al ingreso del Sol en el cuarto del año: el estivo, el otoñal, o el invernal, pero en todos los otros casos la conjunción de las luminarias es de poco valor, siendo su virtud limitada al mes lunar y a menudo no va más allá de la semana, como diremos a continuación. Por lo tanto no se debe decir, en absoluto, que la conjunción mensual de las luminarias es una gran conjunción. Segundo, hay muchas otras conjunciones mayores que esta y que Albumasar no quiere contar entre las grandes a causa de sus pequeños períodos, tales como las otras conjunciones mutuas del Sol con los otros planetas y que se producen menos frecuentemente que esta. Tercero, el eclipse de Sol tiene un periodo más largo que no su ingreso en Aries, como es manifiesto de todo lo dicho en el capítulo precedente y sin embargo el no lo contó entre las grandes conjunciones, entre las cuales pone a la revolución anual. Cuarto, la conjunción de Júpiter y de Marte, que se produce una sola vez cada dos años es más abarcativa que el ingreso del Sol en Aries, y sin embargo Albumasar la descartó y no la consideró en el número de las grandes conjunciones. Quinto,  Albumasar, tratando sobre las primeras cuatro grandes conjunciones, se preocupó solamente de las conjunciones medias de los planetas superiores, las cuales son puramente imaginarias y no conducen a ningún efecto en el mundo; omite todos los verdaderos y reales, no es admisible la justificación de la conjunción verdadera poco dista de la media, entonces sería casi idéntico el juicio sobre ambas. De hecho sucede a menudo – y quien quiera lo puede experimentar – que la conjunción media de Saturno y Júpiter se aleje diez meses de la verdadera, ya se que la preceda, ya sea que la siga. Ahora, Albumasar tiene en cuenta las conjunciones medias, como se demuestra del hecho que pone siempre un número igual de años de una conjunción a la otra. Pero esto no puede suceder en las conjunciones verdaderas: el intervalo entre las conjunciones  verdaderas y menores de Saturno y de Júpiter supera una vez el espacio de veinte años, y tal otra no lo alcanza, exhibiendo una diferencia notable por exceso o por defecto. Ejemplo: en el año de Cristo 1464, el 10 de Abril, la conjunción verdadera entre estos fue cerca de 5 grados de los Peces, a continuación, se ayuntaron siguiendo el movimiento verdadero en el año 1484, el 20 de noviembre, alrededor de 23 grados del Escorpión; a continuación, en el 1504 su conjunción verdadera se produce a 20 grados del Cangrejo y otra similar está pendiente en el futuro para el primero de febrero del 1524 a 10 grados de los Peces. Aparecen por lo tanto claras y notables diferencias en los intervalos de tiempo; de la primera conjunción a la segunda transcurrieron 20 años, 7 meses y 10 días, de la segunda a la tercera 19 años, 6 meses, 20 días; de la tercera a la cuarta 19 años, 7 meses y 22 días. De ello se deduce que el investigaba no las conjunciones verdaderas, sino las medias, las cuales, como habíamos dicho, no importan.

Finalmente, Sexto, si hablamos de las conjunciones medias, vemos que, mediante las tablas de Alfonso (que son muy certeras respecto al movimiento promedio aunque no los otros), de una conjunción media de Saturno y Jupiter a la siguiente hay exactamente 19 años solares bisiestos, 10 meses y 11 días y el dìa y el lugar de la conjunción que sigue en el zodìaco dista de aquel de la conjunción que precede 8 signos, 5 grados y un tercio. Ahora, como un signo consta de 30 grados, sigue que la conjunción media de Saturno y de Jupiter, en la misma triplicidad no es de 240 años, como el afirmaba, sinò menos de 200: si de hecho multiplicamos por diez 19 años, 10 meses y 11 días resultan 198 años, 7 meses y 20 días. Y como cuatro son las triplicidades de los signos, si multiplicamos el numero anterior por 4, obtenemos 794 años, 6 meses y 10 días: este es el tiempo que transcurre de una conjunción máxima al comienzo de Aries y otra conjunción máxima en el mismo lugar y en este lapso las conjunciones medias cumplen una revolución entera del zodìaco, saltando por las triplicidades de los signos. Por tanto, es redundante el número de 960 años que el había establecido, seguido por Alcabizio y por muchos otros astròlogos ignorantes. Por mi parte creo que la causa de este error reside en las tablas del movimiento medio de su tiempo, que no eran precisas como ahora, luego del càlculo exacto de las tablas del rey Alfonos. Albumasar de hecho estableció que el lugar de una conjunción sucesiva de Saturno y Jupiter dista del lugar inmediatamente precedente 8 signos 2 grados y 25 minutos aproximadamente y  este intervalo, como hemos demostrado de las tablas precedentes, es falso. Tampoco, por otra parte, la diferencia entre los años solares, de la cual nos servimos, y los años lunares de los árabes puede justificar el error de tantos años que aparece en las computaciones de Albumasar.

Tambièn, en la conjunción media de Saturno y de Marte, el número que el fijò de 30 no es preciso, sinò que hay una diferencia de menos de cerca de 50 días y 13 horas. Ademàs de estas cosas, el pone en su libro Sobre las grandes conjunciones  muchas otras vanidades, absurdidades y errores y afirmaciones expresas sin motivo y a modo de adivino, indignas de un sabio. Con razòn puès los teólogos parisinos, examinaron bien el libro de Albumasar, y lo bautizaron achidivinator, condenando al libro y al autor. Este concepto, sin embargo, se explica claramente del contenido del libro.

5. Sumario de la doctrina de Albumasar

Albumasar divide su obra en ocho tratados. En el primero enseña como predecir, de las grandes conjunciones planetarias, la llegada o la aparición de nuevos profetas, que predican a los pueblos nuevas leyes o doctrinas o religiones y se esfuerza en demostrar, mediante la virtud de los planetas, de que región provendrían, y su tiempo, su predica, sus costumbres, sus vestimentas e incluso sus monturas; estas cosas trata en cuatro capítulos que son denominados differentice o distinciones.

En el segundo tratado expone los juicios, sobre la base de las mismas conjunciones, respecto al rey de la lay ya establecida y discute sobre cuales regiones de la tierra habrán dominio, cuanto durarán, cuales serán sus costumbres, cuales sus enfermedades, cuales sus muertes, cuales sus sucesores; esto expone en siete capítulos, a los cuales les agrega un octavo sobre las conjunciones de Saturno y de Marte en todos los signos y especialmente en Cancer, que es la caída y el detrimento de ambos; enseña de hecho como juzgar, por estas conjunciones, sobre muchos y numerosos cambios que sobrevendrán en diversas regiones de la tierra en su paso de una triplicidad a la otra.

En el tercer tratado opina, sobre la base de los otros aspectos de los planetas en las revoluciones de los años sobre los eventos futuros de cualquier año según la naturaleza de los planetas y de los aspectos; y este tratado se compone de seis capítulos siguiendo la comparación de cada planeta con los otros seis.

En el cuarto tratado discute también sobre las revoluciones de los años y da juicios para cada signo del zodíaco, suponiendo que cada uno de ellos sea el signo de una gran conjunción de los planetas o el signo del ascendente de estas o sea el signo de la profecciòn a partir del signo de la gran conjunción o de la de su ascendente, o cuando uno de los signos fuese ascendente de un año dado; y estas cosas trata en doce capítulos, de acuerdo al número de los signos.

En el quinto tratado expone los juicios respecto a los planetas que son dominadores de los mencionados signos o del signo de la gran conjunción de su ascendente o del signo de la profecciòn a partir de uno de estos.  Reproduce estos juicios comparando un dado planeta a cada signo del zodíaco respecto al cual puede tener varios estados y al signo mismo y al Sol. Considera por lo tanto si es septentrional o meridional respecto a la eclíptica o si yace en la misma, si está oriental u occidental al Sol o si está combusto o bajo sus rayos, si está directo o retrogrado o estacionario. Este tratado se compone de seis capítulos siguiendo el número de planetas, el Sol excluido; a estos agrega un séptimo capítulo donde trata de la cabeza y de la cola del dragón en todos los signos.

En el sexto tratado discuto de las conjunciones singulares de todos los planetas en cada signo del zodíaco, y considera la elevación de un planeta sobre el otro, llamada en árabe mammareth. Estas cosas expone en doce capítulos, siguiendo del número de los signos en el cielo.

En el séptimo tratado expone los juicios respecto a la revolución anual siguiendo las doce casas de su figura, supuesto que en una de las doce casas se encuentre el signo de la gran conjunción en curso o su ascendente o el signo de la profecciòn a partir del signo de la conjunción o de su ascendente. Se compone de doce capítulos de acuerdo a las doce casas de la figura celeste.

En el octavo tratado expone un modo especial de juzgar las revoluciones de los años sea sobre la base de la profecciòn de los años, sea sobre la base de las grandes conjunciones. Consta de dos capítulos en los cuales trata de los efectos naturales de los planetas en este mundo inferior, de los cometas, de los terremotos, de  las lluvias, de la sequìa, de las epidemias y de la salud y de otras cosas similares. Estas cosas trata Albumasar  en suma.

Por nuestro lado, tenemos la intención de exponer una doctrina agil y concisa sobre los juicios lìcitos  y naturales de los astros. Por lo tanto, quien quiera examinar más en detalle las fantasías de Albumasar se remita a nuestros predecesores, entre los cuales se halla el gran Gugliemo, ovispo de Parìs, que en la primer parte del  De universo y en el tratado De  fide et legibus  abordó difusamente sobre sus errores. Luego de el, Santo Tomàs en su Summa contra gentiles y muchos otros teólogos de Parìs.

6. Figuras de las grandes conjunciónes

Entre tantas fantasìas, Albumasar escribió muchas cosas verdaderas y naturales, utiles a nuestro propósito. Estas cosas sintetizò luego en el opúsculo que llamò Flores astrologìe, para juzgar sobre las revoluciones de los años junto a las reglas propias de las grandes conjunciones. De esto trataremos en el capìtulo siguiente. Es ahora nuestro propósito exponer el modo de juzgar la figura de las cuatro grandes conjunciones precitadas. Si nuestra opinión es conforme a la de Tolomeo, según el cual las luminarias tienen preeminencia sobre los tres planetas superiores, o aquella de Albumasar, que es contraria a la de Tolomeo, poco importa, porque una sola es la praxis del juicio. Esta se fundamenta en la figura de las luminarias que preceden a las grandes conjunciones, porque, a causa de la lentitud del movimiento de los planetas superiores, no puede darse una figura precisa para el momento de tales conjunciones. Hay que recurrir por lo tanto a una de las figuras de las conjunciones o de las oposiciones de las luminarias que sea precedente a aquella de la gran conjunción y mediante tal figura se debe juzgar los efectos de la gran conjunción, sea que sus efectos procedan de una virtud de las luminarias determinada mediante los planetas superiores, como quiere Tolomeo, sea de una virtud de la gran conjunción determinada mediante las luminarias, como dice Albumasar.

Por lo tanto, habida cuenta del año, el mes y el dìa de alguna gran conjunción entre las cuatro mencionadas, el astròlogo construye la figura de la conjunción o de la oposición de las luminarias que preceden inmediatamente a aquella gran conjunción de los planetas superiores. Establecerà tambièn la figura del ingreso del Sol en Aries, que ha tenido lugar en aquel año. Describe, en tercer lugar, la figura de la conjunción o de la oposición del Sol y de la Luna que ha precedido inmediatamente el ingreso del Sol en Aries. Hay de hecho tres modos de establecer el signo ascendente de la gran conjunción. En los dos primeros modos, el ascendente de la revolución anual se dice el ascendente de la gran conjunción que deberá producirse en aquel año, pero siguiendo diferentes criterios: la mayoría de los astrologos establece, como figura de la revolución, la que se produce al ingreso del Sol en el primer minuto y en el primer segundo del signo de Aries, otros dicen que el principio del año es la figura de la conjunción o de la oposición de las luminarias o la que, de estas, precede inmediatamente el mencionado ingreso del Sol en Aries. Pero la tercera opinión, que estimo la màs verdadera en teoría – no se si en conformidad con la experiencia – considera que la figura de la conjunción o de la oposición de las luminarias que precede en aquel mes el dìa de la gran conjunción de los planetas superiores  sea el ascendente de la gran conjunción misma. Y por lo tanto sobre la base de la figura de  aquella lunación que los astrólogos deben juzgar sobre los efectos.

Al fin de evitar errores en el juicio, hemos estimado prudente formar estas tres figuras respecto a la gran gran conjunción  y para cada una juzgar diferentemente. El evento, de hecho, cuando llega a tener efecto, muestra al astròlogo cuales de estos principios será màs verdadero según las potencias naturales. En realidad, las reglas de nuestros juicios se forman gracias a la experiencia de largo tiempo. Sin embargo creo que la opinión de Tolomeo fue la segunda o la tercera de los criterios mencionados, porque siempre pone la conjunción o la oposición de las luminarias en cuanto principio y guía de todas las otras (figuras) y no dudò que sus efectos puedan extenderse por muchos años, si se unen a los decretos de los otros planetas, en especial de los superiores, que cumplen màs tardìamente sus revoluciones a través del zodìaco. Por lo tanto, si los eclipses de Sol se extienden, de por sì, a tantos años y aquellos lunares a tantos meses como las horas de su duración, sin embargo, si cualquier gran conjunción sigue al eclipse,  (Tolomeo) considera que la virtud de aquellos eclipses se extiende por muchísimos años. Y su comentador dice que la cantidad de este tiempo proviene de la multiplicación de los años o de los meses del eclipse con los años de aquella gran conjunción, de modo que en el eclipse solar el producto de tal multiplicación significarà años, en el lunar meses. Concluye entonces que un eclipse de Sol puede tener virtud y eficacia por màs de mil años y un eclipse de Luna por màs de cien, considerado el numero de meses que resulta de la multiplicación.

7. Del modo en que se juzga una gran conjunción

Forma las tres figuras en el modo anteriormente dicho, exponemos ahora, para una sola de estas, el método del juicio en tanto que es idéntico a aquel para las restantes. Considero la figura de la conjunción u oposición verdadera del Sol y de la Luna que precede el ingreso del Sol en Aries, en el año en el que ha de venir una gran conjunción; esta opinión, que es media entre las otras, se estima la màs segura y el modo en que se ha de juzgar en esta figura es similar al juicio que se hace en la figura del eclipse, o juzgar según los cuatro criterios principales: lugar, tiempo, genero afectado, efecto según cualidad y según especie.

Identificados los dos signos principales, o el signo en que se produce la gran conjunción de los planetas superiores y el signo del ascendente de la figura antedicha, se debe observar en que signo de la figura se encuentra el planeta que domina sobre aquellos dos signos. Y de este modo se esclarece lo concerniente al lugar de la tierra habitada o en cuales lugares aquellos efectos incidirán mayormente. Estos lugares son las regiones que corresponden a los tres signos predichos y a su triplicidad, según el concepto expuesto en el primer párrafo del capitulo precedente. En cuanto al genero de las cosas naturales en las cuales los accidentes futuros ejercerán con fuerza su impronta, podemos saberlo sin dificultad de las reglas similares (a aquellas de los eclipses) o de la figura de los signos, mientras que la cualidad de los efectos se basará de la naturaleza de los planetas dominantes por si mismos o por asociación. Respecto entonces al tiempo de la virtud de la gran conjunción y en particular al tiempo en que aquella virtud actuará más válidamente, esta consideración no està comprendida en la doctrina de los eclipses. La virtud general de las conjunciones máximas dura de hecho 800 años, hasta la próxima conjunción máxima. Su virtud específica se entiende por cerca de 200 años, hasta la próxima conjunción media, que se produce en una triplicidad diferente de los signos.

Pongo aquí dos virtudes, la una general y la otra especìfica, en la conjunción máxima, que es la primera de las conjunciones de Saturno y de Jupiter en la triplicidad ígnea, porque cada conjunción máxima es también media y menor respecto a los diversos tiempos y del mismo modo cada conjunción media es al mismo tiempo una conjunción menor respecto a este o aquel tiempo. Una condición similar aparece en la conjunciòn mensual de las luminarias, la cual es doble: una es general y concierne al mes entero, la otra es particular y se refiere a la primer semana del mismo mès. Por lo tanto la conjunción máxima de los dos planetas superiores tienen una virtud universal sobre todas las otras conjunciones en todo el zodíaco hasta que haya nuevamente otra conjunción máxima similar a esa. Y realmente tiene una virtud especial sobre las otras conjunciones que suceden en la misma triplicidad, hasta que no llega otra conjunción media, que será la primera en la triplicidad siguiente de los signos. En tercer lugar, tiene una virtud particular de 20 años y esta virtud durarà hasta otra conjunción menor de los mismos planetas en el noveno signo de la misma triplicidad. Finalmente, esta virtud particular debe ser repartida de muchas maneras a través de los años singulares de su duración, como diremos en el capìtulo siguiente, etc.

Sin embargo, si pongo aquí  tres virtudes de por si distintas, no soy tan tonto para afirmar el poder discernir realmente la virtud triple de la conjunción máxima. Puede ser realmente distinta de muchas maneras respecto a los diversos tiempos, del mismo modo que los doctos filósofos hablan de la virtud única del Sol, que tiene efectos diversos según la diversidad de los sujetos. De todo lo dicho, sigue que cada conjunción media tiene tres virtudes: La una general, que se extiende por 200 años hasta la siguiente conjunción media que se produce en una triplicidad diferente, la otra particular, que dura por 20 años hasta la próxima conjunción menor en la misma triplicidad de los signos. En cuanto a las conjunciones menores de Saturno y de Jupiter, tienen virtud doble: la general dura por cerca de 20 años, la especial por un año preciso. Finalmente, la conjunción de Saturno y de Marte dura generalmente por 30 años, específicamente por dos años, particularmente por solo un año. (continuarà)

 

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