Marsilio Ficino – El Libro del Sol (De Sole)


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Introducción

El libro del Sol representa la culminación de la vida y la obra de Ficino. Publicado en 1494, cinco años antes de su muerte, es un ejemplo supremo de la síntesis de astrología, religión y filosofía por la cual Ficino se esforzó toda su vida, e ilustra su habilidad para aludir la más profunda experiencia mística dentro de una lucida y autorizada prosa. En la Dedicación a Piero de Medici Ficino nos dice que el origen de su trabajo es la metáfora del Sol en la República de Platón, y que fue inspirado por Pseudo Dionisio sobre el mismo tema. La nueva lectura del pasaje de la República de Ficino fue destinada a la tercera edición de la traducción de Platón, apadrinada por Piero.

En una “Apología” a Filipo Valori, Ficino ruega a Valori, ahora embajador Florentino frente al Papa, que lo defienda de las acusaciones de herejía surgidas de sus dos pequeños trabajos “solares (De Sole y De Lumine), para lo cual ya se había preparado; precede el De Sole con un prefacio al lector en el que explica como su libro debería ser interpretado en un sentido alegórico y anagógico antes que dogmático (un sentimiento replicado en una carta a Poliziano, fechada en Agosto 20 de 1494). De hecho De Sole no carece de material para invocar la bronca de los teólogos, y una de sus posibles acusaciones es anticipada por Ficino mismo en una carta a Bernardo Rucella – algunas de las palabras en la creación – escribe Ficino- podrían de hecho ser “malentendidas” e interpretadas como contradiciendo el texto del Génesis (ver cp. X)

En este libro (3) sobre el Sol y su luz hay ciertos pasajes que también se encuentran en otros trabajos de Marsilio. (4) Pero como el autor mismo escribió este compendio a partir de un deseo de presentarlo y hacerlo accesible a aquellos que no habían sido capaces de obtener el enorme volumen, hemos deseado no alterar nada.

 

Marsilio  Ficino: De Sole, Prefacio, a Piero de Medici

Estoy desarrollando diariamente una nueva interpretación de Platón ya comenzada hace mucho tiempo bajo tus auspicios, Oh magnánimo Piero, y (como no te es desconocido) Lo expongo con distinciones bastante frecuentes de términos y argumentos bastante largos en la medida que el asunto mismo lo requiere. Entonces cuando al final llegué a ese misterio Platónico donde el compara más exquisitamente al Sol con Dios mismo, me pareció correcto explicar un tema tan grande un poco más acabadamente, en especial ya que nuestro Dionisio el Areopagita, el primero de los Platónicos, cuya interpretación tengo en mis manos, libremente emprende  una comparación similar del Sol con Dios. Entonces mientras trabajaba por muchas noches, iluminado por este Sol, como si fuera una lámpara, he pensado compaginar este tema de mi gran obra, y confiarlo a su propio compendio, y enviar este misterio al Sol – como el regalo de Febo – a ti. A ti también, tanto como el mejor estudiante de Febo, el jefe de las Musas, y como patrón de las Musas, esta nueva interpretación  completa de Platón es dedicada, asi que mientras por esta luz como si algún tipo de Luna (justamente como el Sol y  la Luna), puedas augurar de que naturaleza este completo opúsculo Platónico será; y si alguna vez has amado a mi Platón, o mas bien el tuyo como ha sido por un largo tiempo a la fecha,  entonces iluminado por esta luz puedas amarlo mucho mas fervientemente, y con toda tu mente abrazar al amado.

Capitulo I: Marsilio Ficino al lector, que este libro es alegórico y anagógico antes que dogmático.

Oh magnánimo Piero, es un auténticamente divino precepto Pitagórico que los misterios y cosas divinas no son apropiados para ser mencionados sin luz. Por lo que entiendo que los sabios no solo quieren decir que aventurarse nada se debería en  las cosas divinas a no ser en tanto como la luz de Dios misma hubiese revelado para inspirar mentes, pero también parece recomendarnos no proceder hacia la oculta luz de las cosas, ya para recibirlas o revelarlas, sin mediación de la luz manifiesta. Así que en el presente avanzaremos de lo manifiesto a lo oculto, no tanto vía argumentos racionales, sino por ciertas correspondencias tomadas de la luz, de acuerdo a nuestras habilidades. Pero mientras tanto, cuidadoso lector, se indulgente con migo – recuerda del Apolonio y  como si fuera licencia poética ante el Sol, mientras negándome no un màs serio (como los Griegos dicen) contenido dogmático. He prometido un alegórico y, hasta cierto punto, místico ejercicio de la inteligencia, en el nombre de Febo el ordenador de los juramentos, de quien estos son sus dones. Las Musas nunca discuten con Apolo, ellas cantan. Y sin duda incluso Mercurio mismo, el primer artesano de la polémica, aunque puede discutir asuntos serios con Saturno y Jupiter, sin embargo con Apolo juega, sus bromas no solo apropiadas sino divinas. Logre ser nuestro juego también no ser inapropiado! Pero ahora, habiendo completado este nuestro preludio sobre la luz, avancemos hacia la luz con la afortunada inspiración de la bondad misma, que es Dios en lo alto.

Capítulo II: Como la luz del Sol es similar a la Bondad misma, o sea, a Dios.

Nada se asemeja más a la naturaleza de la bondad que la luz. Primero, la luz aparece muy pura y exaltada en el reino de los sentidos. Segundo, de todas las cosas es más fácil y ampliamente irradiada en un instante. Tercero, se encuentra inofensivamente con todo y lo penetra muy gentil y placenteramente. Cuatro, arrastra con si una calidez nutritiva, que aprecia todas las cosas, aportando vida y movimiento. Quinto, mientras está presente y dentro de todo, nada la corrompe y con nada se mezcla. Del mismo modo, la bondad misma está por encima el orden de todas las cosas, se expande ampliamente, y todo acaricia y atrae. No fuerza nada; como el calor, emana amor y su compañía en todas partes, por lo cual cada cosa singular es estimulada desde todas las direcciones y voluntariamente reconoce su bien. Penetrando en las partes más recónditas de las cosas, no se mezcla con ninguna de ellas. Finalmente, asi como el bien mismo es inestimable e inefable, igualmente es la luz. Porque ninguno de los filósofos hasta ahora ha explicado lo siguiente: que nada es más claro que la luz; pero que por otra parte nada parece màs oscuro, asi como la bondad es tanto la más reconocida de todas las cosas, e igualmente la menos reconocida. Por esta razón Jámblico el Platónico finalmente llegó a referirse a la luz como una cierta vitalidad activa y clara imagen de la inteligencia divina. El rayo brillando hacia adelante desde el ojo es la imagen de la visión. Asi, también quizás es la luz misma la visión del alma celestial, o la acción de la visión tendiéndose hacia las cosas exteriores – actuando desde una distancia, no abandonando aún los cielos, más siempre permaneciendo allí sin mezcla con las cosas externas, actuando a través de la vista y el tacto a la misma vez. Por lo menos estamos acostumbrados  a hablar de la luz como una traza de luz universal, ofreciéndose  a nuestros ojos en una cierta proporción; o sin duda, como un espíritu vital entre el alma del mundo y el cuerpo – pero hemos dicho ya suficiente de esto  en la Teología. 5 Entonces cuando en tus estudios haces un serio intento de postular que hay muchas mentes angelicales más allá del cielo, como luces, cuyo ordenamiento las relaciona entre ellas y a un Dios a la vez, el padre de todas las luces, cual sería el punto de continuar tus investigaciones por caminos rebuscados? Solo mira hacia el cielo arriba, ruego, oh ciudadano del reino celestial, a ese cielo cuyo manifiestamente perfecto orden tan claramente declara a Dios ser su creador: Cuando miras hacia arriba a las cosas celestiales, el firmamento inmediatamente anuncia la gloria de Dios y las obras de sus manos a través de los mismos rayos de las estrellas, y a través de los aspectos o inclinaciones de sus ojos mientras vagan: Por encima de todo el Sol es más capaz de significarte a Dios mismo. El Sol te ofrece signos, y quien se atrevería a llamar al Sol falso?  Finalmente, las cosas invisibles de Dios, es decir, los espíritus angelicales, pueden se vistos más poderosamente por el intelecto vía las estrellas, y sin duda incluso las cosas eternas – la virtud y divinidad de Dios – puede ser aprehendida a través del Sol.

Capìtulo III: El Sol, el dador de luz;

Señor y Moderador de las Cosas Celestiales.

El Sol, en que es claramente señor del cielo, gobierna y modera todas las cosas verdaderamente celestes (Voy a omitir por el momento su enorme tamaño que se piensa es 160 veces la tierra). Primeramente, insufla luz en todas las estrellas, tengan una pequeña luz propia (como algunas personas sospechan), o ninguna (como muchos piensan). Después, a través de los doce signos del zodíaco, se llama viviente, como Abraham y Haly dicen, y ese signo que el Sol vigoriza de hecho parece estar vivo. Más aún el Sol llena los dos signos adyacentes con tanta potencia, que el espacio a ambos lados es denominado por los Árabes ductoria del Sol – esto es el campo solar. Cuando los planetas pasan a través de ellos, evitando ser quemados mientras tanto, ellos adquieren un maravilloso poder; especialmente los planetas superiores, si encontrándose en esta posición, ascienden antes que el Sol y los inferiores después que el Sol. El signo en el que el Sol es exaltado, esto es Aries, de este modo se vuelve la cabeza de los signos, significando la cabeza de todo ser viviente. Además, aquel signo en el que el Sol se domicilia, esto es Leo, es el corazón de los signos, y entonces gobierna el corazón de todo ser viviente. Porque cuando el Sol ingresa en Leo, extingue en varias regiones la epidemia del veneno de la serpiente. Inclusive la fortuna anual del mundo entero siempre dependerá de la entrada del Sol en Aries, y entonces de esto la naturaleza de toda primavera puede ser propiamente juzgada; así como la cualidad del verano es juzgada por el ingreso del Sol en Cáncer; o la del otoño de su entrada en Libra, y de la llegada a Capricornio la calidad del invierno es descubierta; estas cosas son obtenidas de la figura de los cielos presente a ese momento. (7) Desde que el tiempo depende del movimiento, el Sol distingue las cuatro estaciones del año a través de los cuatro signos cardinales. Similarmente cuando el Sol regresa al grado y minutos exactos a su lugar en el natalicio de cualquier persona, su porción de fortuna es desplegada a través de todo el año: Sucede de esta manera porque le movimiento del Sol como el primero y jefe de los planetas es muy simple (como Aristóteles dice), ni cayéndose del medio del Zodíaco como los otros hacen, ni retrogradando.

Capitulo IV: Las Situaciones de Los Planetas con Respecto al Sol

Parece haber ciertos espacios definidos marcados a través de los cielos por el Sol mismo; cuando los planetas los atraviesan cambian bastante su movimiento y carácter: Porque cuando Saturno, Jupiter o Marte transitan una parte del cielo una tercer parte desde el Sol, encontrándose en aspecto de trígono con respecto al Sol, súbitamente cambian de dirección, y se mueven o hacia adelante o hacia atrás. Si están orientales al Sol se ponen retrógrados, si están occidentales se ponen directos. (8) Venus y Mercurio viajan a través de espacio algo màs cortos pero todavía fijos respecto del Sol; Venus no se separa màs allà de 49 y Mercurio màs allà de 28. La Luna cambia su apariencia y naturaleza en todo aspecto que forma con el Sol. Y como si fuese ella otro Sol, también tiene cuatro edades, y representa las cuatro estaciones del año: Y cuando la Luna se junta con el Sol, de esa misma configuración celestial y grado de conjunción anuncia la naturaleza del mes por venir. Cuando algún planeta toca el corazón del Sol por primera vez, (9) en ese momento (a pesar de lo breve que pueda ser), este domina a todos los planetas. De otro modo, cuando en la proximidad del Sol dejan vacante su puesto habitual – de manera que Saturno en conjunción con el Sol se juzga como habiendo abandonado su prístina rigidez y Marte su usual ferocidad. En tanto que el Sol se aproxima a los planetas superiores estos se elevan [en sus epiciclos], y a medida que se separa de ellos, descienden. Sin duda, cuando están en conjunción con el Sol estos planetas están en la cima de su epiciclo, mientras que cuando están en oposición a el ellos están en su punto màs bajo, y cuando en cuadratura, a mitad de altitud. La Luna està en su mayor altitud en los dos primeros lugares de su ciclo, mientras que en cuadratura està descendiendo. Venus y Mercurio, en conjunción con el Sol, si están directos, están en su mayor elevación; si retrógrados, (10) en lo màs bajo.  Ni es posible para los planetas completar el circuito de sus epiciclos sin reencontrar, por conjunción, al Sol como si fuese su Señor; parece bastante claro que los planetas superiores, cuando cambian su curso en aspecto de trígono con el Sol, reverencian su apariencia señorial. Y entonces en conjunción con el Sol están màs elevados y directos, porque durante ese tiempo concuerdan con el rey. Ahora por otra parte, cuando discordantes – esto es, en oposición – están retrógrados y en su punto màs bajo. Cuando Venus y Mercurio tocan el Sol, si están directos, esto es, obedeciendo a su Señor, ascienden a sus cumbres. Pero si se corren a un lado son como rebeldes  y son derribados durante ese lapso. No debería sorprendernos si la Luna también asciende [en su epiciclo] cuando està en oposición con el Sol. Porque que es la luz de la Luna si no la mismísima luz del Sol  enviada a ella y reflejada en el lunar espejo? Y en la Luna llena la luz retorna al Sol, ahora a plena vista. La Luna parece descender en aspecto de cuadratura desde que mira ferozmente a su señor. Como el Sol no retrocede, tampoco la Luna, aunque debido a su velocidad su epiciclo parece retroceder. Finalmente, cuando la Luna sigue el norte en el camino del Sol, un lugar constituido por la enorme cabeza de dragón, (11) significa – por virtud del poder solar – un incremento para los signos allì situados. Cuando sigue el sur, marcado por la proyección de la cola, ella trae detrimento. Todos los planetas vueltos orientales u occidentales respecto del Sol cambian su condición y apelación en cualquiera de los dos lugares. Todos veneran la senda del Sol que los astrólogos llaman la eclíptica. Los planetas inferiores màs y los planetas femeninos (esto es, la Luna y Venus) más que todos, en consecuencia los que mas divergen en latitud. Sin duda todos los planetas ubicados en este camino – moviéndose dese ahì al sur o al norte, se entienden como mutando su condición. La Luna, esta señora de la generación, no tiene luz manifiesta excepto por el Sol. Cuando està en perfecta harmonía con el Sol, ella toma de el todos los poderes celestiales que se reúnen ahí, como Proclus dice, de manera que asi puede transmitir poderes similares en dirección a la tierra.

Capitulo V: El Poder del Sol en la Generación, y en las Estaciones y al Momento del Nacimiento de Todas las Cosas.

En la carta natal de cada persona la posición de la Luna declara al Señor de la natividad y el momento de la concepción. Y la conjunción u oposición del Sol y de la Luna previos al nacimiento revelan la verdad y fortuna del nacimiento. En toda carta la porción del cielo donde la parte de la fortuna cae es llamada el espíritu (Daemon) de la natividad por los antiguos, y presagia o gobierna (como los Egipcios dicen) el tenor de toda la vida. La parte de fortuna se designa por el espacio observado entre el Sol y la Luna, proyectado desde el grado del Ascendente. Entonces es a través su conocimiento del movimiento del Sol que los astrónomos descubren y miden el movimiento de los planetas. El Sol en su movimiento distingue el dia de la noche y las horas de los meses. De la misma manera por su luz y calor, genera, acelera, moviliza, regenera y llena de aliento y aprecia todas las cosas que han sido ocultas; en su primer llegada las revela, y señala la llegada y la partida de las cuatro estaciones del año; y las regiones que están muy remotas del Sol están igualmente alejadas de la vida. Sin duda la Primavera es la mejor de las estaciones porque comienza en Aries, el reino del Sol. El otoño es la peor, porque comienza con Libra, la caída del Sol. Finalmente una natividad diurna se considera mejor que una nocturna, la primera siendo juzgada principalmente por el Sol la última por la Luna, que es el espejo del Sol.

La figura celeste de la natividad se divide en doce partes. Los astrólogos asignan la novena parte al Sol, y la tercera a la Luna (llamando a la primera Dios, y a la última Diosa), y ellos creen que la sabiduría, la fe, religión y gloria eterna son los mayores dones de cada uno. Porque el Sol significa todas estas cosas, y simplemente toda verdad esencial y profecía y realeza. Sigue de esto, que a medida que asciende el Sol hacia el medio cielo estimula los espíritus vitales y animales en nosotros en una forma milagrosa, y a medida que desciende, cada espíritu es debilitado. Por esto es que David, la trompeta de Dios Todopoderoso, elevando su lira al amanecer rompió en canción y exclamación. Es vano para nosotros levantarnos antes del amanecer, porque es obvio que el Sol naciente nos trae todo beneficio y revive nuestros espíritus, los cuales maravillosamente despiertos e iluminados, son llamados a sublimes cosas. Voy a saltera como  (como la tradición sostiene) el Sol, como un profeta, en su surgimiento se lo concibe portador de profecías para los que duermen. La Luna, que Aristoteles llama Sol menor, similarmente restaura el espíritu natural y humor naturales al surgir, y debilita al ocultarse. Y cuanto mas llena de la luz del Sol la Luna està, màs salud ella trae a todas las cosas. También voy a omitir como la Luna, cuando no está menguante, debería ser observada en su aspecto con el Sol, en cada uno de los signos, significando las distintas partes del cuerpo; y entonces las virtudes de todas las cosas celestiales son bajadas desde el Sol a través de la Luna, para ser alimentadas por medio de medicinas ritualmente preparadas en ese momento particular. Pero ya hemos dicho suficiente acerca de esto en el Libro de la Vida. (12)

Capitulo VI: Las Alabanzas de los Antiguos por el Sol, y Como los Poderes Celestiales se Encuentran en el Sol, y Derivan del Sol.

Por estas razones Orfeo llamó a Apolo el ojo vivificador del cielo, (13) y lo que estoy por decir está tomado directamente de los himnos de Orfeo:” El Sol es el ojo eterno viendo todas las cosas, la luz celestial preeminente, moderando las cosas mundanas y celestiales, guiando o empujando el curso harmónico del mundo, el Señor del Mundo, Jupiter inmortal; el ojo del mundo girando en todas partes, dueño del plano original a cuya imagen todas las formas mundanas son creadas. La Luna esta preñada con las estrellas, la Luna es Reina de las estrellas.”Orfeo dice estas cosas. En Egipto, en el templo de Minerva, se puede leer esta inscripción dorada: “Yo soy todas las cosas que son, que serán y que han sido. Nadie ha corrido mi velo. El fruto que he dado es el Sol”. Entonces parece que este Sol nacido de  de Minerva – eso es, de la inteligencia divina  – es ambos flor y fruto.

Los antiguos teólogos, con Proclo como testigo una vez más, establecieron que la Justicia, la reina de todas las cosas, procede del centro del trono del Sol a través de todo, dirigiendo todo, como si el Sol mismo pudiera ser el moderador de todas las cosas. Jàmblico afirma la opinión de los Egipcios de la siguiente manera: Cualquier bien que poseemos lo hemos obtenido del Sol, esto es, ya de el mismo solo, o de otra agencia también, en otras palabras o directamente del Sol, o del Sol a través de otras cosas. Del mismo modo el Sol es señor de todas las virtudes elementales. La Luna por virtud del Sol es la señora de la generación. Luego Albumasar dijo que a través del Sol y la Luna la vida es introducida en todas las cosas. (14) Moisés piensa que el Sol es señor de las cosas celestiales durante el dìa y la Luna, como un Sol nocturno, a la noche. Todos ubican al Sol como señor en medio del mundo, aunque por diferentes razones. Los Caldeos pusieron al Sol en medio de los planetas, los Egipcios entre dos mundos quíntuples: los cinco planetas arriba, la Luna y los cuatro elementos abajo. Sin duda  ellos piensan que ha sido puesto por la Providencia màs cerca de la tierra que del firmamento, para que el grosero material terrestre y la humedad de la Luna, aire y agua puedan ser apreciados por su ferviente espíritu y fuego. También, según otra teoría, el medio se declara por esa prosperidad de los planetas que requiere su disposición con el Sol ser tal que Saturno, Jupiter y Marte surjan antes y Venus, Mercurio y la Luna luego del el, asi manteniendo al Rey en la senda intermedia. Los otros, procediendo distintamente, resultan màs débiles: Por otra parte son tenidos como màs preeminentes entre ellos  los que el Señor Sol mismo ha ordenado que le precedan. Pero volvamos a los antiguos. Los viejos médicos llamaron al Sol el corazón del cielo. Heráclito lo llamò la fuente de luz celestial. La mayoría de los Platónicos ubicaban al alma del mundo en el Sol, la cual, llenando toda la esfera del Sol derramaba a través ese globo de fuego igual que como  derramaba rayos espirituales a través del corazón, y de ahí a través de todo, hacia lo cual distribuía vida, sensibilidad y movimiento universalmente. Por estas razones, quizás, la mayoría de los astrólogos piensan que igual que como solamente Dios  nos dio un alma intelectual así el solo nos la envía bajo la influencia del Sol; esto es, solo en el cuarto mes a partir de la concepción. Pero esto es algo que les concierne a ellos. Por otra parte no hay duda que Mercurio, el cual significa el movimiento de nuestra mente, es el que menos se aleja del Sol. Saturno, significando el estado de la mente separada, se aleja menos de la eclíptica. Incluso Jupiter y Marte el primero a través de Sagitario y el segundo a través de Aries. Son concordantes con el León Apolonio, y han obtenido sus respectivos dones: Jupiter significando la justicia religiosa, leyes civiles y prosperidad, y Marte magnanimidad, fortaleza y victoria. La Luna, Venus y Mercurio son llamados los compañeros del Sol; la Luna por su frecuente conjunción con el Sol, Venus y Mercurio porque no van más allá de la vecindad del Sol, en función de su avance al paso con el. Entonces han recibido la regencia sobre la generación universal. Del mismo modo la Luna, bastante húmeda en conjunción o aspecto con el Sol, habiendo absorbido su calor vital, puede de ahí suministrar calidez y humor vital a aquellas cosas a ser generadas. Por otra parte en este proceso de generación Mercurio mezcla estas dos partes con el resto en una cierta proporción harmónica. Venus aporta formas decorosas a las mezclas de esta clase, y agrega gracia y goce. Entonces el Sol a distribuido la totalidad de la luz reunida en si mismo a través de varias estrellas de diferentes clases entre si, y así pone en orden virtudes en toda forma, con luz que puede tomar cualquier forma. De lo cual uno puede claramente conjeturar que hay tantas virtudes del Sol como estrellas en los cielos.

Capitulo VII: Disposición de los Signos y los Planetas Entorno del Sol y la Luna

La misma disposición de los signos del zodiaco claramente declara que el Sol es rey, y la Luna que es hermana y esposa del Sol, es reina de las cosas celestes. Porque Leo, el domicilio del Sol, y Cáncer, el domicilio de la Luna, están uno al lado del otro; igualmente están Aries la exaltación del Sol y Tauro aquella de la Luna (15) Cada uno de los otros planetas toman su asiento a ambos lados en torno del Rey y la Reina, ubicados en el medio. Por un lado a continuación de Leo Mercurio gobierna Virgo, por el otro lado a continuación de Cáncer lo gobierna a Géminis. Venus, por un lado a Libra, por el otro a Tauro; Marte, Escorpio y Aries; Jupiter, Sagitario y Piscis; Saturno, Capricornio y Acuario. Pero una vez cuando expuse los signos de los planetas en torno del Sol y la Luna de esta misma manera, mi amigo Bindanio Recasolano, un hombre de profunda inteligencia, objetó así: “No ves acaso, Marsilio, que esos mismos signos, aunque en orden reverso, han sido desplegados en el mismo patrón alrededor de los signos de Saturno?” Yo dije, “Veo que esta disposición, especialmente apropiada al Sol, se relaciona al muy excelso Saturno también. Es sorprendente que Saturno sea digno de honor; ya que es el que menos parece desviarse entre los planetas del camino real del Sol? Pero volvamos a nuestro propósito original.

Estos cinco planetas tienen dos asientos (domicilios) cada uno. Uno siguiendo al Sol como si fuera desde atrás, el otro en proximidad a la Luna. Los primeros son llamados occidentales al Sol, los otros orientales a la Luna. El Sol y la Luna reclaman para si el entero zodiaco. Porque la provincia del Sol comprende Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario y Capricornio; la provincia de la Luna Acuario, Piscis, Aries, Tauro, Géminis y Cáncer: Quizás Cáncer es llamado la entrada de los hombres, porque ahí el Sol parece a punto de descender; y Capricornio la entrada de los Dioses, porque desde ahí el Sol parece ascender resueltamente. (16) Pero ya hemos explicado de otra manera estas cosas en otra parte. De hecho estos dos signos, junto con Aries y Libra, reclaman para si la dignidad de ser llamados puntos cardinales del cielo, porque en ellos el Sol decreta los cambios de las cuatro estaciones. Ya que el Sol, cuando atraviesa Aries y Libra, mantiene su curso medio entre ascenso y descenso e iguala al día con la noche, el circulo producido desde Aries hasta Libra es llamado entre los Egipcios el Circulo de Minerva, esto es, de la sabiduría y la Justicia. Sin duda tan maravilloso orden de las cosas celestes declara que el mundo no está determinado por la fortuna, sino por la providencia. Y una cierta reverencia de las cosas por el único Sol, el moderador de todo, demuestra que mentes angelicales y todas las cosas celestes en su totalidad obedecen a aquel arriba en los cielos, y que nuestras almas deberían ser mucho más obedientes al mismo.

Capítulo VIII: Los planetas son Afortunados cuando Concuerdan con el Sol y la Luna, Desafortunados cuando Discordantes. Como pueden ellos rendir Honor al Sol y a la Luna.

Ptolomeo considera al Sol y a la Luna autores de la vida, en la medida que la Luna aporta aquello que concierne al desarrollo y la celeridad, y el Sol, en tanto que se relaciona con la conciencia. El también considera a Jupiter y a Venus el ser favorables a la vida, porque a través de cierta proporción harmoniosa son consonantes con el Sol y con la Luna. Jupiter es el más harmónico con el Sol y hasta cierto punto con la Luna, y Venus al revés. Sin embargo Saturno y Marte son lo contrario, en tanto que desacuerdan con el Sol y con la Luna. Saturno en mayor grado con el Sol, Marte con la Luna. Jupiter favorece la vida más que todos los otros, porque, en su reunir la luz del Sol y de la Luna une los poderes de ambos. Tampoco debe ignorarse, que los planetas obtienen súbitamente nuevo vigor cuando miran a la cara del Sol o de la Luna como recibiéndolos, lo que los Árabes dieron en llamar Almugea. Esto sucede cuando, siguiendo al Sol, están tan lejos de el como su signo (domicilio) lo está del signo del Sol, o cuando, precediendo a la Luna, se le aproximan tanto como sus signos son próximos a aquel de la Luna. Entonces Saturno saludará al Sol en tanto sea occidental, esto es, ascendido con posterioridad al Sol, en el sexto signo desde el singo del Sol. Jupiter lo mismo cuando en el quinto signo desde el Sol, Marte cuando en el cuarto, Venus en el tercero, Mercurio en el segundo. Similarmente ellos saludaran a la Luna cuando, ascendiendo antes que ella; se encuentren a la misma distancia desde ella: Nuevamente  encontramos acuerdo entre Jupiter y Venus y el Sol y la Luna, desacuerdo desde Marte y Saturno. De hecho, Jupiter tiene su asiento en Sagitario en trígono al signo de Leo, el trono del Sol, mientras que Venus en Libra a través de un benéfico aspecto de sextil hacia Leo. Sin embargo, Marte tuvo su lugar en Escorpio en cuadratura, aspecto disonante con el Sol, y Saturno lo propio en el sexto signo desde el Sol, no en consonancia con el, y en el séptimo, totalmente opuesto a el. Porque el confronta ambos a Leo con Acuario y a Cancer con Capricornio. De una manera similar Venus establece a Tauro en sextil con Cancer; Jupiter dispone a Piscis en trígono, Marte pone a Aries en cuadratura, Saturno, como hemos dicho, se ubica en ambos el sexto y séptimo signo desde aquel de la Luna. Por lo tanto Jupiter y Venus son llamados fortunas, tanto como concuerdan con el Rey y la Reina de los cielos. Saturno y Marte son los in-fortunios, ya que son discordantes con ellos; pero Saturno es el más desafortunado, porque parece disentir mas fuertemente con e Sol, incluso más de lo que Marte lo hace con la Luna. Entonces podemos deducir que aquellas mentes que están en harmonía con lo divino serán felices, mientras que aquellas disonantes serán miserables.

Capìtulo IX: El Sol es la Imagen de Dios. Comparación del Sol con Dios.

Habiendo considerado muy diligentemente estas cosas, nuestro divino Platòn denominó al Sol el hijo visible de la Bondad misma. El también pensó que el Sol era el símbolo manifiesto de Dios, puesto por Dios mismo en este templo mundano para que todos y en todas partes pudieran admirarlo por sobre todo lo demás. Platòn y Plotino dijeron que los antiguos veneraron este Sol como un Dios. Los antiguos teólogos gentiles ubicaron todos sus dioses en el Sol, lo cual Jàmblico, Juliano y Macrobio testifican. Ciertamente quien no ve el Sol en el mundo como la imagen y ministro de Dio, ciertamente nunca ha reflexionado sobre la noche, ni contemplado el Sol naciente; ni ha pensado cuan extraordinario esto es, ni cuan súbitamente esas cosas que se pensaban muertas vuelven a la vida. Ni ha reconocido los dones del Sol a través de los cuales el solo realiza aquello que las estrellas circundantes no pueden. En consecuencia también considera; con los Platonistas y Dionisio; que Febo, la inteligencia rectora de las Musas, es la imagen visible de Dios. Tambièn que Feba, esto es, la Luna, es la imagen de Febo casi en la misma forma que el lo es de Dios. Y como Hiparco dice, ella es el espejo del Sol en que la luz cayendo en ella desde el Sol fluye sobre nosotros. No es apropiado discutirlo ahora, pero no debemos ignorar la comparación Platónica que he descripto màs acabadamente en otra parte.

En el mismo modo como el Sol genera ambos ojos y los colores, dándole a los ojos el poder por que cual ellos pueden ver, y a los colores la potencia por la que pueden ser vistos, y reunirlos a los dos con una luz unificadora, así Dios se piensa que es con respecto a todos los significados y seres inteligibles. Dios de hecho creò la especie de las cosas inteligibles y los reinos intelectuales, y los reúne a ambos a través de la acción. Platòn llama Verdad a esta luz con respecto a las cosas inteligibles, y conocimiento con respecto a la mente del hombre. El piensa además que el Bien mismo, o sea Dios, sobrepasa todas estas cosas, igual que el Sol es superior a la luz, los ojos y los colores. Pero cuando Platòn dice que el Sol prevalece sobre todo el reino visible, sin duda el alude a un Sol incorpóreo por encima del corpóreo – esto es, el intelecto divino. Viendo que es realmente posible ascender al modelo arquetípico parcialmente a través del despojamiento de aquello que es peor y parcialmente por la adición de lo que es mejor; toma del Sol – de quien Averroes tomó la materia física burda- toda cantidad definitiva. Pero déjalo con la potencia de la luz, para que quede la luz misma, purificada por un poder milagroso; definida ni por una cantidad ni por una forma definitiva, llenando con su presencia un espacio inmenso con respecto a la imaginación. Esta luz pura excede la inteligencia igual que en si misma la luz del sol sobrepasa la agudeza de los ojos. De esta manera, en proporción a la fortaleza que recibes del Sol, casi parecerá que encontraste a Dios, que puso su tabernáculo en el Sol. Y finalmente asi como no hay nada màs ajeno a la luz divina que la absolutamente amorfa materia, asi nada es más distinto de la luz del Sol que la tierra. Entonces como los cuerpos en los cuales la condición terrestre prevalece son lo más inapropiado para la luz, no aceptan luz dentro de si. Esto no es porque la luz pueda ser impotente para penetrar – porque mientras esta luz no puede iluminar dentro del paño o una hoja, puede sin embargo penetrar un cristal en un momento, el que no puede ser penetrado fácilmente por nada más. De esta manera la luz divina también brilla en la oscuridad del alma pero la oscuridad no la comprende. No es esto similar a Dios, quien primero siembra conocimiento de las cosas divinas en las mentes angélicas y benditas, y luego amor? Sin duda aquí Dios enciende un amor para nosotros creyentes que purifica y transforma, antes otorgar la inteligencia de las cosas divinas. Entonces el Sol llena completamente de luz clara y naturalezas puras en todas partes, como si fueran ahora, por un momento, celestiales; mientras que esas naturalezas opacas y materiales primero entibia y enciende con su luz, luego refina, y pronto ilumina. Y algunas veces eleva hasta las cumbres a través del calor y la luz esta materia ahora hecha ligera y accesible. Entonces Apolo atraviesa el cuerpo denso de Pitòn con los aguijones de sus rayos, lo purga, lo disuelve y lo eleva. Tampoco debemos olvidar que en cualquier manera que estemos esperanzados que Cristo finalmente vendrá a este reino, resucitando cuerpos humanos de la tierra con el esplendor de su propio cuerpo, igualmente luego del muerto invierno anual, esperamos el reinado del Sol en Aries, que llama a la vida las semillas de las cosas en la tierra, como si revivieran súbitamente animales muertos o semi-vivos a la vida y la belleza. Entonces Mercurio, como el guardaespaldas del Sol, se dice que excita a los que duermen con su caduceo, y Platòn describe una casi similar resurrección en su libro sobre el Reino. (17)

Capítulo X: El Sol fue Creado Primero, y ubicado en el Medio Cielo.

Sobre este tema nos podemos preguntar, que cosa más poderosa creó Dios al principio? Moisés respondió, la Luz. Correctamente es así, porque la luz emana inmediatamente de lo divino – o más bien inteligible – la luz misma, que de todas las cosas es más similar a Dios. Sin duda la luz inteligible está en el mundo inmaterial por encima de nosotros, esto es, extremadamente puro intelecto. Sin embargo, la luz sensible està en el mundo corpóreo, esto es, la luz solar misma. Pero la luz en su primera etapa, como en el primer día, fue simplemente establecida para brillar en el interior e iluminar el exterior. En la segunda etapa se fortaleció por su propio calor, entonces aceleró todo lo demás. En la tercera etapa, se propagó en la materia por su propia eficacia y por orden de Dios. Finalmente en la cuarta etapa de su naturaleza y su orden, como en el cuarto día, se le asigno su forma esférica, de lo que la luz de la inteligencia divina habiendo sido difundida, se replegó sobre si misma. Luego Moisés declaró que el primer dìa se creò la luz simplemente; asi como en el cuarto dìa la luz solar, esto es, la forma esférica, fue provista. También Platòn dos veces se refiere a la dual constitución del Sol en el Timeo, primero  ubicándolo entre los planetas como su compañero, segundamente presentándolo como divino, con una milagrosa luz más allá de todas las cosas y con autoridad Real. La mayoría de los astrónomos ubica al Sol, al comienzo del mundo, sobre el horizonte en Aries que es su reinado, en el medio de los cielos que habría ocupado como una ciudadela y capital en guisa de Rey. También donde Moises dice que un dìa se completò, no quiso decir amanecer y atardecer, sino al revés, indicando que luego del medio dìa, cuando el Sol estaba encendido, el recién-nacido dìa declinò hacia la noche y debiò completarse con la siguiente mañana. El ciertamente confirmó la autoridad Real del Sol, a quien asignó el primer dìa, este es el solar, al Señor. Porque si Dios, sin duda completó el mundo en seis días, y descansó el séptimo, sin duda el parece haber comenzado el mundo a partir del mismo dìa del Sol, o màs bien bajo los auspicios de la autoridad del Sol. Mientras que juzgò a Saturno siendo muy remoto del Sol, desfavorable a la generación y la acción, al ordenar una cesación de la actividad en el dìa de Saturno. Seguramente también Cristo, la fuente de la vida, por quien el Sol se entristeció con su rostro cubierto al mediodía, volviò a surgir de entre los muertos a la hora y en el dìa del Sol, y nos restaurará la luz inteligible de la misma manera como el Sol nos da la luz visible.

Capitulo XII : Las dos luces del Sol. El don de Apolo. Los grados de las Luminarias. El Sol vuelve divinas todas las Cosas.

Si pensamos del Sol en su pristina naturaleza, la que recibiò al primer instante de su creaciòn, tal como fue numerado en comùn sociedad con el resto de los planetas, reconoceremos que su primera luz natural no era tan grande como habrìa de llegar a ser. Porque no excede tanto al resto de las estrellas en magnitud como en luminosidad. De hecho es menos que el doble del tamaño de Jupiter, pero tal vez cientos de veces màs grande en luz. Por supuesto estas cantidades son evaluadas en comparaciòn a la Tierra – Seguramente dijimos al principio cuantas veces el Sol puede contener a la Tierra, y de Jupiter se piensa que es 95 veces mas grande que la tierra. Por lo tanto esta otra inmensa luz es enteramente volcada desde otro lugar, agregada desde arriba a la luz natural del Sol. Claramente todas las cosas celestiales traen consigo su propia luz a su nacimiento, pero escapa a nuestra noticia, siendo o infinitesimal, u oculta de nosotros a traves de cierta sutileza y brillo, o por otra razòn. El Sol desde el principio parece haber traido con sigo una cierta luz semejante levemente mayor a su magnitud. Sin duda el Sol ofrece aquella luz innata que es algo oscura, luego inmediatamente otra luz màs evidente a los ojos como la imagen visible de la inteligencia divina y la bondad infinita. 

Dios, como cuentan nuestros teòlogos, entregò una luz doble a nuestras mentes. Ellos consideran a la primera natural. La segunda fue añadida libremente desde lo alto de acuerdo al merito a travès de la gracia, y hace a las mentes benditas de una milagrosa generosidad. Por lo tanto ya que las estrellas son imagenes de mentes, es oportuno que igualmente las estrellas tengan dos luces. De cualquier modo maravillosamente Dios a añadido  esta inmensa luz a la primera del Sol, entonces el Sol, a la vez que el representante de Dios en esta funciòn, suma esta luz segunda a la luz innata de los planetas. Sin duda, tal como acostumbramos llamar a la luz  que aparece en la Luna no la suya, sinò la del Sol, transmitida  a lo largo del camino hasta llegar a nosotros por la Luna, asi con respecto a la màs secreta doctrina de los Platònicos hemos de decir que tal enorme esplendor revelado en el Sol no procede de si mismo, sinò de Dios a travès del Sol a todas las cosas; igual que la luz  alcanza a nuestros ojos no desde la esfera del Sol, sino por Dios mismo. Dios, mientras colmò al globo solar, una pequeña particula del cielo, con tal grande esplendor que el brillo fluyò hacia todas las cosas desde el, sin duda dejò en claro tanto que el pequeño cuerpo del Sol recibiò un tal incomparable don no de si mismo, sinò de lo alto, y que por el Dios uno, la bondad total del Sol se propagò a travès de todo. Indudablemente de la misma manera que esta luz sensible es experimentada por los sentidos, iluminando, vigorizando y dando forma a todas las cosas sensibles y facultades sensoriales y convirtiendolas hacia planos superiores, asi una cierta luz inteligible ilumina en el alma del Sol, enciende y reclama el ojo espiritual interior. Creo que por esta razòn fuè llamado Apolo por los teòlogos de la antiguedad, y artifice de toda harmonìa, y lider de las Musas, ya que libera a las mentes de cierta confusa agitaciòn, no tanto visiblemente sinò por los ocultos influjos de  rayos, y las mitiga proporcionadamente para finalmente guiarlas a la comprensiòn. Tampoco deberìa pensarse que esta superiormente plena y eficaz luz, dada y desplegada entre los seres mundanos como el regalo màs perfecto, toma su origen del pequeño cuerpo del Sol, sino del Bien mismo como padre de las luces, por quien todo lo que es de luz està màs allà de la inteligencia y casi supera toda comprensiòn.

(continuarà)

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Las grandes conjunciones de los planetas


Pedro Ciruelo

Las  grandes  conjunciones de los planetas.

traducción de Giuzzeppe  Bezza (Arcana Mundi,  p. 599-630).

La doctrina de las conjunciones de los planetas superiores  pasó  de los Árabes a la astrología del occidente medieval  y allí encontró tanto a sus partidarios como a sus críticos.  Pedro Ciruelo le reprochará  a Abu Ma`shar el haber construido una secuencia errada por dos motivos: por la inexactitud  de sus tablas astronómicas  y por haber propuesto un ciclo regular basado en el movimiento promedio. En efecto, siguiendo las tablas alfonsinas, que utilizó Ciruelo, el intervalo entre dos conjunciones mayores de Saturno y de Júpiter  (cuando se  produce un cambio de triplicidad) es inferior a los 200 años y  por otro lado la diferencia entre las conjunciones medias y las correctas es a menudo de alrededor de 10 meses. El capítulo de Ciruelo no obstante es relevante por dos motivos: por un lado una clara exposición del procedimiento de Abu Ma`shar, por el otro es uno de los últimos textos en los cuales se trata acabadamente esta doctrina, ya que las locas predicciones de los astrólogos en ocasión  de la conjunción de 1524 indujeron a su rápido abandono. Ademàs, a parte de las crìticas de las que hemos hablado, Ciruelo acepta la doctrina en sus trazos fundamentales.

Nacido en 1470 en Daroca, en España, Pedro Ciruelo  es uno de los representantes  de aquella astrología de fines de siglo que reacciona al influjo árabe. Matemático, publica  l`Aritmètica y geometría especulativa  de Th. Bradwardine (1495), la esfera del Sacrobosco con las anotaciones de P. d’Ailly (1498), un tratado de matemática (1526). Estudiò teología  en Parìs: de sus penas de teólogo nacieron l’Opus de magica superstitione, Alcalà 1521 y la Reprobación de las supersticiones y hechizerias, Alcalà 1530. Permanece teólogo en su tratado  de “astrología cristiana” , donde condena a los astrólogos que tejen una tela con fibras de diferente género y mezclan la superstición con las ciencias naturales. De este defecto ni siquiera se libran el QUADRIPARTITUM  ni el Centiloquium de Tolomeo y por consiguiente  en su tratado el autor tiene la intención de considerar la doctrina de Tolomeo. La obra es precedida de una apología de la astrología judiciaria  y de una refutación de la crítica de Pico della Mirandola.

  1.   Cinco categorìas de los astros.
  2.  La opinión de Albumasar.
  3.  Número de las grandes conjunciones.
  4. Refutación de la opinión de Albumasar.
  5. Sumario de la doctrina de Albumasar.
  6. Figuras de las grandes conjunciones.
  7. Del modo en que se juzga una una gran conjunción.
  8. Del tiempo de su efecto.
  9. De la conjunción media de los superiores ahora vigente.
  10.  De las grandes alteraciones atmosféricas.
  11. De la conjunción máxima  que està vigente en nuestro tiempo.
  12. De las conjunciones menores de nuestro tiempo.

 

De las cuatro grande conjunciones de los tres planetas superiores,

Tres de las cuales, la máxima, la media y la menor,

Son las conjunciones de Saturno y Júpiter,

Y la  cuarta es aquella de Saturno

Y de Marte en Cáncer.

1. Cinco categorìas de los astros

En el tercer capítulo del primer libro hemos dicho que orden debe ser observado respecto a las cualidades activas de los planetas, aunque sus perfecciones esenciales deban tener un orden variado (1). Tolomeo, hombre eruditísimo en toda ciencia, distingue la virtud activa que los astros tienen sobre nosotros en cinco categorías. El Sol tiene la primera y suprema y es llamado luminaria mayor, la segunda categoría es la Luna, que se le dice, no ya por su masa corpórea, mas por su sola virtud activa, gran luminaria, más pequeña que el Sol no obstante. La tercera categoría ubica a los tres planetas superiores Saturno, Júpiter y Marte, cuya misma disposición muestra la suya propia y diversa virtud, como el primero supera al siguiente en virtud eficiente hacia nosotros.  Los dos planetas inferiores, Venus y Mercurio, ocupan la cuarta categoría en esta disposición, en cuanto que Venus es más potente que Mercurio. Luego de todos los planetas, la quinta categoría de virtud activa es asignada a las estrellas fijas  de la octava esfera. Entre ellas hay sin embargo seis clases de magnitudes diferentes, que producen y llevan a término las gradaciones de sus virtudes, suponiendo iguales sus latitudes y declinaciones y altitudes sobre nuestro horizonte, porque verdaderamente, si no fuesen iguales, incluso la estrella más pequeña demostraría en nosotros una mayor  virtud activa, etc. Tras estas premisas, Tolomeo concluye que, respecto a los juicios de los tiempos, las dos luminarias causan las mayores y más universales mutaciones en este mundo, los otros astros aquellas menores y particulares. Estima por lo tanto que no puede haber en el cielo una constelación más grande que la de las dos luminarias, máxime si sucede sobre la eclíptica y es central: aquí de hecho sus virtudes se unen válidamente y se genera una sola y gran virtud. Después de esta conjunción, pon la oposición de las dos luminarias y mayormente si sucede en la eclíptica y es central, a causa de una mezcla similar de virtud a lo largo de la misma línea recta. En cuanto a los otros planetas, poco o nada pueden ocasionar sin la conjunción o la oposición de las luminarias, según Tolomeo, tan querido y docto, considera.

2. La opinión de Albumasar

A esta declaración racional se opone Albumasar y, después de el, Alcabizio y muchos otros entre los astrólogos vulgares, los cuales consideran que la virtud activa de los planetas debe ser determinada y ordenada siguiendo su disposición en el cielo, de modo que los planetas superiores sean mayores, en cuanto a virtud y operación, de los inferiores, de las luminarias inclusive, y declaran lo que dice Tolomeo en el último capítulo del Quadripartito: los significados  de Saturno se corresponden a los lugares y tiempos universales, los de Júpiter a muchos años, los de Marte a pocos, mientras que la virtud del Sol, de Venus y de Mercurio a los meses y la Luna conviene a los días (3). Seguramente Tolomeo tratando aquí de los juicios sobre la genitura, no tiene en consideración las mutaciones generales de los tiempos, sino que intenta solamente enseñar las progresiones y las direcciones de los lugares de los prorrogadores en el decurso de la vida humana (4).

Albumasar, por su parte, sostiene la opinión contraria y al comienzo de su libro de magnis coniunctionibus distingue la naturaleza de los planetas según el movimiento simple y triple de los principales cuerpos del universo: aquel circular, aquel en línea recta a partir del centro y aquel  en línea recta hacia el centro. Asimila por lo tanto al movimiento circular y eterno los tres planetas superiores, al movimiento recto hacia arriba con el Sol y al movimiento recto hacia abajo con los tres planetas inferiores que están debajo del Sol. Luego de esta aserción, prosigue diciendo que en los planetas superiores está impreso el significado sobre todos los eventos cuyo tiempo es muy extenso, tales como los cambios de dinastías, las religiones y la legislación de los pueblos, y esto a causa de la afinidad de estos planetas con el primer movimiento, que es largo y perpetuo y causa una serie perpetua de eventos naturales, como enseña también Aristóteles en el segundo libro del «De Generatione». La luminaria del día, el Sol, es referido, en cuanto a su virtud operativa, al segundo movimiento, aquel recto desde el centro, por la siguiente semejanza: como el Sol es medio entre los movimientos celestes de los planetas, así el movimiento recto hacia  arriba es medio entre los otros dos movimientos simples.  Por lo tanto fue establecido en el Sol el significado sobre el rey y las leyes de los pueblos, los cuales  no son duraderos como aquellos de los imperios  y de las religiones. Finalmente, los planetas inferiores fueron referidos al tercer movimiento, que de los astros es el más inferior y es aquel recto hacia el centro del mundo, y esto a causa de la cercanía de estos al mundo mismo y de su bajeza ya en el orden planetario, ya en la jerarquía de los movimientos simples. Por lo tanto fue reconocido en estos planetas el significado sobre las cosas (5) más breves, a causa de la velocidad de su movimiento.

A continuación, subdivide cada una de las divisiones anteriores y dice que los planetas superiores, que significan lo que es duradero y que se extiende por largo tiempo, se dividen en tres maneras, porque tales cosas tienen un inicio casi silencioso y lento, un desarrollo  y luego una conclusión, finalmente, siendo corruptibles, sufren una disminución y un total anonadamiento. Ahora, el primero de estos significados  va referido a Saturno, que es el primero y superior entre los planetas; se dice de hecho que significa las grandes vicisitudes y los cambios radicales de las leyes  y de las religiones y, en general, todo lo que se desarrolla en largos espacios de tiempo, por ejemplo toda doctrina y religión que abraza muchas generaciones y muchos años. A Júpiter, segundo planeta en orden, se refiere el significado del incremento y del cumplimiento de tales cosas. De hecho, luego del inicio de cualquier religión, aparecen las leyes, las prescripciones, las disposiciones públicas para la conducta del pueblo en conformidad con aquella religión y con estos decretos la nueva religión se consolida. A Marte, después, tercer planeta, se refiere el significado pertinente a la disminución, término y fin de tales cosas. En verdad, comúnmente, la cesación y el fin de una religión dada proviene de la guerra y de la discordia entre los citadinos de todo el reino o de la provincia donde aquella religión se ha establecido. Marte tiene por otro lado un significado sobre la guerra y la victoria de los príncipes que causan la disolución del estado precedente y la destrucción de lo que garantiza el orden, junto con la introducción de todo lo nuevo, una nueva religión u otros, etc. Ahora, cualquier doctrina o religión, cuando está completa y en desarrollo, se da reyes, príncipes, jefes populares, cuales defensores y promulgadores de las propias leyes y de la propia forma de gobierno. Dice por lo tanto que este significado es relativo al Sol, en tanto que medio entre los planetas.

Los planetas inferiores al Sol se dividen en tres partes siguiendo el mismo criterio expuesto respecto a los planetas superiores y siguiendo un significado similar. De hecho, entre las cosas de menor orden y de más breve duración, la primera es el matrimonio y la unión, con el cual comienza una comunidad y una ciudadanía. Este significado es atribuido a Venus, que es el primero de los planetas inferiores y corresponde al significado  de Saturno, que es el primero entre los superiores y al cual se atribuye el inicio de los grandes eventos.  El consolidamiento de la unión y de las otras condiciones es su cumplimiento y se da mediante la escritura y mediante el número y otros instrumentos similares que son atribuidos a Mercurio, segundo entre los planetas inferiores. Y Mercurio corresponde a Júpiter, que es el segundo entre los superiores y que significa el cumplimiento de los grandes eventos. El venir a menos, la disminución y el fin de toda cuestión humana sucede por mudanzas,cambios de lugares, por alejamiento y por otras variaciones similares, todas cosas cuyos significados convienen a la Luna, que es el más inferior entre los planetas y corresponde a Marte, tercero entre los superiores y que suscita el decrecer y el fin de los grandes eventos.

Estas cosas declara Albumasar, y si no son sus palabras exactas, al menos este es su sentido. Pero todo esto parece en gran medida arbitrario y expuesto caprichosamente, en ausencia de toda motivación natural y no resistiendo la justa condena de quien argumenta rectamente. Hay sin embargo aquí mezcladas muchas cosas que son dignas de ser consideradas, en tanto que su sentido es correcto, aunque tal vez no era esa su intención, anteponiéndoles a las luminarias los otros planetas en cuanto a la virtud activa, y se considera pues  que sus conjunciones son superiores a las conjunciones del Sol y de la Luna. Esto se funda en premisas falsas en realidad.

3. Numero de las grandes conjunciones.

Veamos entonces cual es la opinión de Tolomeo en este sentido, astrologo naturalísimo. El dice en la proposición 50 de su Centiloquio: “no descuidar las 120 conjunciones de los planetas, porque en ellas reside el conocimiento de todo lo que en el mundo se genera y se corrompe (6)”.  Pueden darse efectivamente 21 conjunciones binarias de los siete planetas, 35 ternarias y 35 cuaternarias, 21 quinarias, 7 senarias y una septenaria. No pretendemos tratar sobre todas estas, no siendo todas grandes conjunciones, porque algunas suceden frecuentemente y tienen duración breve, como aquella del Sol con Mercurio o de la Luna y Venus y muchas otras que son pequeñas  por su corta duración; pero aquellas que son más raras y de largo período deben considerarse grandes, como es la conjunción de Saturno y de Júpiter, de la cual Tolomeo, en la proposición 63 del Centiloquio, dice : ” En la conjunción de Saturno y de Júpiter en el mismo minuto, debe ser considerada la elevación del uno sobre el otro y juzgar según la fuerza de su naturaleza , o de cual está elevado respecto al mundo; esta conjunción tiene de hecho efectos admirables, en particular cuando es en el ascendente del año o en el eclipse del Sol y de la Luna, y este mismo criterio se debe seguir en las otras conjunciones (8).”

Ahora, estas conjunciones son descriptas por Albumasar en número de 6. La primera y la más grande de todas es la conjunción de Saturno y de Júpiter al principio de Aries, que es el equinoxio vernal y otra similar no se produce si no después de 960 años, y habla aquí de los años árabes que son lunares y compuestos de 354 días, no considerada la intercalación, etc. La segunda conjunción, menor de la precedente, es aquella de los dos mismos planetas superiores al comienzo de cualquier triplicidad sucesiva; y el afirma que hay 12 conjunciones en cualquier triplicidad y cada una de estas tiene una duración de 240 años, al termino de los cuales se repite en la triplicidad siguiente. Y estas triplicidades son ordenadas, como hemos dicho en el primer capitulo del primer libro, en el siguiente orden: ígnea, terrestre, aérea, acuática. La tercera es la conjunción media de Saturno y de Marte en el signo del Cangrejo, que no se repite si no luego de 30 años. La cuarta es la conjunción menor de Saturno y de Júpiter  cada 20 años, reproduciéndose cada 20 años en la misma triplicidad de los signos. El denomina entonces conjunción mayor la quinta, que es el ingreso del Sol en Aries una sola vez cada año, y otros la llaman, más adecuadamente, revolución del año. De esta trataremos en el capítulo tercero. La sexta es la conjunción mensual del Sol y de la Luna, que se unen en una vez por mes, pasando por todos los signos del zodíaco, de la cual trataremos en el capítulo cuarto.

4. Refutación de la opinión de Albumasar

La enumeración de Albumasar presenta muchos errores. Primero, la conjunción de las luminarias no es siempre grande, sino cuando es eclíptica o defectiva o cuando precede a una gran conjunción de los dos planetas superiores, en cuanto, por la virtud de ellos, se extiende muchos años; o incluso cuando precede el ingreso del Sol en Aries, porque entonces aparece una virtud universal sobre todo el año. Pero solo en estos casos la conjunción de las luminarias tiene gran virtud, como por otra parte sus oposiciones precedentes y también cuando una de ellas precede al ingreso del Sol en el cuarto del año: el estivo, el otoñal, o el invernal, pero en todos los otros casos la conjunción de las luminarias es de poco valor, siendo su virtud limitada al mes lunar y a menudo no va más allá de la semana, como diremos a continuación. Por lo tanto no se debe decir, en absoluto, que la conjunción mensual de las luminarias es una gran conjunción. Segundo, hay muchas otras conjunciones mayores que esta y que Albumasar no quiere contar entre las grandes a causa de sus pequeños períodos, tales como las otras conjunciones mutuas del Sol con los otros planetas y que se producen menos frecuentemente que esta. Tercero, el eclipse de Sol tiene un periodo más largo que no su ingreso en Aries, como es manifiesto de todo lo dicho en el capítulo precedente y sin embargo el no lo contó entre las grandes conjunciones, entre las cuales pone a la revolución anual. Cuarto, la conjunción de Júpiter y de Marte, que se produce una sola vez cada dos años es más abarcativa que el ingreso del Sol en Aries, y sin embargo Albumasar la descartó y no la consideró en el número de las grandes conjunciones. Quinto,  Albumasar, tratando sobre las primeras cuatro grandes conjunciones, se preocupó solamente de las conjunciones medias de los planetas superiores, las cuales son puramente imaginarias y no conducen a ningún efecto en el mundo; omite todos los verdaderos y reales, no es admisible la justificación de la conjunción verdadera poco dista de la media, entonces sería casi idéntico el juicio sobre ambas. De hecho sucede a menudo – y quien quiera lo puede experimentar – que la conjunción media de Saturno y Júpiter se aleje diez meses de la verdadera, ya se que la preceda, ya sea que la siga. Ahora, Albumasar tiene en cuenta las conjunciones medias, como se demuestra del hecho que pone siempre un número igual de años de una conjunción a la otra. Pero esto no puede suceder en las conjunciones verdaderas: el intervalo entre las conjunciones  verdaderas y menores de Saturno y de Júpiter supera una vez el espacio de veinte años, y tal otra no lo alcanza, exhibiendo una diferencia notable por exceso o por defecto. Ejemplo: en el año de Cristo 1464, el 10 de Abril, la conjunción verdadera entre estos fue cerca de 5 grados de los Peces, a continuación, se ayuntaron siguiendo el movimiento verdadero en el año 1484, el 20 de noviembre, alrededor de 23 grados del Escorpión; a continuación, en el 1504 su conjunción verdadera se produce a 20 grados del Cangrejo y otra similar está pendiente en el futuro para el primero de febrero del 1524 a 10 grados de los Peces. Aparecen por lo tanto claras y notables diferencias en los intervalos de tiempo; de la primera conjunción a la segunda transcurrieron 20 años, 7 meses y 10 días, de la segunda a la tercera 19 años, 6 meses, 20 días; de la tercera a la cuarta 19 años, 7 meses y 22 días. De ello se deduce que el investigaba no las conjunciones verdaderas, sino las medias, las cuales, como habíamos dicho, no importan.

Finalmente, Sexto, si hablamos de las conjunciones medias, vemos que, mediante las tablas de Alfonso (que son muy certeras respecto al movimiento promedio aunque no los otros), de una conjunción media de Saturno y Jupiter a la siguiente hay exactamente 19 años solares bisiestos, 10 meses y 11 días y el dìa y el lugar de la conjunción que sigue en el zodìaco dista de aquel de la conjunción que precede 8 signos, 5 grados y un tercio. Ahora, como un signo consta de 30 grados, sigue que la conjunción media de Saturno y de Jupiter, en la misma triplicidad no es de 240 años, como el afirmaba, sinò menos de 200: si de hecho multiplicamos por diez 19 años, 10 meses y 11 días resultan 198 años, 7 meses y 20 días. Y como cuatro son las triplicidades de los signos, si multiplicamos el numero anterior por 4, obtenemos 794 años, 6 meses y 10 días: este es el tiempo que transcurre de una conjunción máxima al comienzo de Aries y otra conjunción máxima en el mismo lugar y en este lapso las conjunciones medias cumplen una revolución entera del zodìaco, saltando por las triplicidades de los signos. Por tanto, es redundante el número de 960 años que el había establecido, seguido por Alcabizio y por muchos otros astròlogos ignorantes. Por mi parte creo que la causa de este error reside en las tablas del movimiento medio de su tiempo, que no eran precisas como ahora, luego del càlculo exacto de las tablas del rey Alfonos. Albumasar de hecho estableció que el lugar de una conjunción sucesiva de Saturno y Jupiter dista del lugar inmediatamente precedente 8 signos 2 grados y 25 minutos aproximadamente y  este intervalo, como hemos demostrado de las tablas precedentes, es falso. Tampoco, por otra parte, la diferencia entre los años solares, de la cual nos servimos, y los años lunares de los árabes puede justificar el error de tantos años que aparece en las computaciones de Albumasar.

Tambièn, en la conjunción media de Saturno y de Marte, el número que el fijò de 30 no es preciso, sinò que hay una diferencia de menos de cerca de 50 días y 13 horas. Ademàs de estas cosas, el pone en su libro Sobre las grandes conjunciones  muchas otras vanidades, absurdidades y errores y afirmaciones expresas sin motivo y a modo de adivino, indignas de un sabio. Con razòn puès los teólogos parisinos, examinaron bien el libro de Albumasar, y lo bautizaron achidivinator, condenando al libro y al autor. Este concepto, sin embargo, se explica claramente del contenido del libro.

5. Sumario de la doctrina de Albumasar

Albumasar divide su obra en ocho tratados. En el primero enseña como predecir, de las grandes conjunciones planetarias, la llegada o la aparición de nuevos profetas, que predican a los pueblos nuevas leyes o doctrinas o religiones y se esfuerza en demostrar, mediante la virtud de los planetas, de que región provendrían, y su tiempo, su predica, sus costumbres, sus vestimentas e incluso sus monturas; estas cosas trata en cuatro capítulos que son denominados differentice o distinciones.

En el segundo tratado expone los juicios, sobre la base de las mismas conjunciones, respecto al rey de la lay ya establecida y discute sobre cuales regiones de la tierra habrán dominio, cuanto durarán, cuales serán sus costumbres, cuales sus enfermedades, cuales sus muertes, cuales sus sucesores; esto expone en siete capítulos, a los cuales les agrega un octavo sobre las conjunciones de Saturno y de Marte en todos los signos y especialmente en Cancer, que es la caída y el detrimento de ambos; enseña de hecho como juzgar, por estas conjunciones, sobre muchos y numerosos cambios que sobrevendrán en diversas regiones de la tierra en su paso de una triplicidad a la otra.

En el tercer tratado opina, sobre la base de los otros aspectos de los planetas en las revoluciones de los años sobre los eventos futuros de cualquier año según la naturaleza de los planetas y de los aspectos; y este tratado se compone de seis capítulos siguiendo la comparación de cada planeta con los otros seis.

En el cuarto tratado discute también sobre las revoluciones de los años y da juicios para cada signo del zodíaco, suponiendo que cada uno de ellos sea el signo de una gran conjunción de los planetas o el signo del ascendente de estas o sea el signo de la profecciòn a partir del signo de la gran conjunción o de la de su ascendente, o cuando uno de los signos fuese ascendente de un año dado; y estas cosas trata en doce capítulos, de acuerdo al número de los signos.

En el quinto tratado expone los juicios respecto a los planetas que son dominadores de los mencionados signos o del signo de la gran conjunción de su ascendente o del signo de la profecciòn a partir de uno de estos.  Reproduce estos juicios comparando un dado planeta a cada signo del zodíaco respecto al cual puede tener varios estados y al signo mismo y al Sol. Considera por lo tanto si es septentrional o meridional respecto a la eclíptica o si yace en la misma, si está oriental u occidental al Sol o si está combusto o bajo sus rayos, si está directo o retrogrado o estacionario. Este tratado se compone de seis capítulos siguiendo el número de planetas, el Sol excluido; a estos agrega un séptimo capítulo donde trata de la cabeza y de la cola del dragón en todos los signos.

En el sexto tratado discuto de las conjunciones singulares de todos los planetas en cada signo del zodíaco, y considera la elevación de un planeta sobre el otro, llamada en árabe mammareth. Estas cosas expone en doce capítulos, siguiendo del número de los signos en el cielo.

En el séptimo tratado expone los juicios respecto a la revolución anual siguiendo las doce casas de su figura, supuesto que en una de las doce casas se encuentre el signo de la gran conjunción en curso o su ascendente o el signo de la profecciòn a partir del signo de la conjunción o de su ascendente. Se compone de doce capítulos de acuerdo a las doce casas de la figura celeste.

En el octavo tratado expone un modo especial de juzgar las revoluciones de los años sea sobre la base de la profecciòn de los años, sea sobre la base de las grandes conjunciones. Consta de dos capítulos en los cuales trata de los efectos naturales de los planetas en este mundo inferior, de los cometas, de los terremotos, de  las lluvias, de la sequìa, de las epidemias y de la salud y de otras cosas similares. Estas cosas trata Albumasar  en suma.

Por nuestro lado, tenemos la intención de exponer una doctrina agil y concisa sobre los juicios lìcitos  y naturales de los astros. Por lo tanto, quien quiera examinar más en detalle las fantasías de Albumasar se remita a nuestros predecesores, entre los cuales se halla el gran Gugliemo, ovispo de Parìs, que en la primer parte del  De universo y en el tratado De  fide et legibus  abordó difusamente sobre sus errores. Luego de el, Santo Tomàs en su Summa contra gentiles y muchos otros teólogos de Parìs.

6. Figuras de las grandes conjunciónes

Entre tantas fantasìas, Albumasar escribió muchas cosas verdaderas y naturales, utiles a nuestro propósito. Estas cosas sintetizò luego en el opúsculo que llamò Flores astrologìe, para juzgar sobre las revoluciones de los años junto a las reglas propias de las grandes conjunciones. De esto trataremos en el capìtulo siguiente. Es ahora nuestro propósito exponer el modo de juzgar la figura de las cuatro grandes conjunciones precitadas. Si nuestra opinión es conforme a la de Tolomeo, según el cual las luminarias tienen preeminencia sobre los tres planetas superiores, o aquella de Albumasar, que es contraria a la de Tolomeo, poco importa, porque una sola es la praxis del juicio. Esta se fundamenta en la figura de las luminarias que preceden a las grandes conjunciones, porque, a causa de la lentitud del movimiento de los planetas superiores, no puede darse una figura precisa para el momento de tales conjunciones. Hay que recurrir por lo tanto a una de las figuras de las conjunciones o de las oposiciones de las luminarias que sea precedente a aquella de la gran conjunción y mediante tal figura se debe juzgar los efectos de la gran conjunción, sea que sus efectos procedan de una virtud de las luminarias determinada mediante los planetas superiores, como quiere Tolomeo, sea de una virtud de la gran conjunción determinada mediante las luminarias, como dice Albumasar.

Por lo tanto, habida cuenta del año, el mes y el dìa de alguna gran conjunción entre las cuatro mencionadas, el astròlogo construye la figura de la conjunción o de la oposición de las luminarias que preceden inmediatamente a aquella gran conjunción de los planetas superiores. Establecerà tambièn la figura del ingreso del Sol en Aries, que ha tenido lugar en aquel año. Describe, en tercer lugar, la figura de la conjunción o de la oposición del Sol y de la Luna que ha precedido inmediatamente el ingreso del Sol en Aries. Hay de hecho tres modos de establecer el signo ascendente de la gran conjunción. En los dos primeros modos, el ascendente de la revolución anual se dice el ascendente de la gran conjunción que deberá producirse en aquel año, pero siguiendo diferentes criterios: la mayoría de los astrologos establece, como figura de la revolución, la que se produce al ingreso del Sol en el primer minuto y en el primer segundo del signo de Aries, otros dicen que el principio del año es la figura de la conjunción o de la oposición de las luminarias o la que, de estas, precede inmediatamente el mencionado ingreso del Sol en Aries. Pero la tercera opinión, que estimo la màs verdadera en teoría – no se si en conformidad con la experiencia – considera que la figura de la conjunción o de la oposición de las luminarias que precede en aquel mes el dìa de la gran conjunción de los planetas superiores  sea el ascendente de la gran conjunción misma. Y por lo tanto sobre la base de la figura de  aquella lunación que los astrólogos deben juzgar sobre los efectos.

Al fin de evitar errores en el juicio, hemos estimado prudente formar estas tres figuras respecto a la gran gran conjunción  y para cada una juzgar diferentemente. El evento, de hecho, cuando llega a tener efecto, muestra al astròlogo cuales de estos principios será màs verdadero según las potencias naturales. En realidad, las reglas de nuestros juicios se forman gracias a la experiencia de largo tiempo. Sin embargo creo que la opinión de Tolomeo fue la segunda o la tercera de los criterios mencionados, porque siempre pone la conjunción o la oposición de las luminarias en cuanto principio y guía de todas las otras (figuras) y no dudò que sus efectos puedan extenderse por muchos años, si se unen a los decretos de los otros planetas, en especial de los superiores, que cumplen màs tardìamente sus revoluciones a través del zodìaco. Por lo tanto, si los eclipses de Sol se extienden, de por sì, a tantos años y aquellos lunares a tantos meses como las horas de su duración, sin embargo, si cualquier gran conjunción sigue al eclipse,  (Tolomeo) considera que la virtud de aquellos eclipses se extiende por muchísimos años. Y su comentador dice que la cantidad de este tiempo proviene de la multiplicación de los años o de los meses del eclipse con los años de aquella gran conjunción, de modo que en el eclipse solar el producto de tal multiplicación significarà años, en el lunar meses. Concluye entonces que un eclipse de Sol puede tener virtud y eficacia por màs de mil años y un eclipse de Luna por màs de cien, considerado el numero de meses que resulta de la multiplicación.

7. Del modo en que se juzga una gran conjunción

Forma las tres figuras en el modo anteriormente dicho, exponemos ahora, para una sola de estas, el método del juicio en tanto que es idéntico a aquel para las restantes. Considero la figura de la conjunción u oposición verdadera del Sol y de la Luna que precede el ingreso del Sol en Aries, en el año en el que ha de venir una gran conjunción; esta opinión, que es media entre las otras, se estima la màs segura y el modo en que se ha de juzgar en esta figura es similar al juicio que se hace en la figura del eclipse, o juzgar según los cuatro criterios principales: lugar, tiempo, genero afectado, efecto según cualidad y según especie.

Identificados los dos signos principales, o el signo en que se produce la gran conjunción de los planetas superiores y el signo del ascendente de la figura antedicha, se debe observar en que signo de la figura se encuentra el planeta que domina sobre aquellos dos signos. Y de este modo se esclarece lo concerniente al lugar de la tierra habitada o en cuales lugares aquellos efectos incidirán mayormente. Estos lugares son las regiones que corresponden a los tres signos predichos y a su triplicidad, según el concepto expuesto en el primer párrafo del capitulo precedente. En cuanto al genero de las cosas naturales en las cuales los accidentes futuros ejercerán con fuerza su impronta, podemos saberlo sin dificultad de las reglas similares (a aquellas de los eclipses) o de la figura de los signos, mientras que la cualidad de los efectos se basará de la naturaleza de los planetas dominantes por si mismos o por asociación. Respecto entonces al tiempo de la virtud de la gran conjunción y en particular al tiempo en que aquella virtud actuará más válidamente, esta consideración no està comprendida en la doctrina de los eclipses. La virtud general de las conjunciones máximas dura de hecho 800 años, hasta la próxima conjunción máxima. Su virtud específica se entiende por cerca de 200 años, hasta la próxima conjunción media, que se produce en una triplicidad diferente de los signos.

Pongo aquí dos virtudes, la una general y la otra especìfica, en la conjunción máxima, que es la primera de las conjunciones de Saturno y de Jupiter en la triplicidad ígnea, porque cada conjunción máxima es también media y menor respecto a los diversos tiempos y del mismo modo cada conjunción media es al mismo tiempo una conjunción menor respecto a este o aquel tiempo. Una condición similar aparece en la conjunciòn mensual de las luminarias, la cual es doble: una es general y concierne al mes entero, la otra es particular y se refiere a la primer semana del mismo mès. Por lo tanto la conjunción máxima de los dos planetas superiores tienen una virtud universal sobre todas las otras conjunciones en todo el zodíaco hasta que haya nuevamente otra conjunción máxima similar a esa. Y realmente tiene una virtud especial sobre las otras conjunciones que suceden en la misma triplicidad, hasta que no llega otra conjunción media, que será la primera en la triplicidad siguiente de los signos. En tercer lugar, tiene una virtud particular de 20 años y esta virtud durarà hasta otra conjunción menor de los mismos planetas en el noveno signo de la misma triplicidad. Finalmente, esta virtud particular debe ser repartida de muchas maneras a través de los años singulares de su duración, como diremos en el capìtulo siguiente, etc.

Sin embargo, si pongo aquí  tres virtudes de por si distintas, no soy tan tonto para afirmar el poder discernir realmente la virtud triple de la conjunción máxima. Puede ser realmente distinta de muchas maneras respecto a los diversos tiempos, del mismo modo que los doctos filósofos hablan de la virtud única del Sol, que tiene efectos diversos según la diversidad de los sujetos. De todo lo dicho, sigue que cada conjunción media tiene tres virtudes: La una general, que se extiende por 200 años hasta la siguiente conjunción media que se produce en una triplicidad diferente, la otra particular, que dura por 20 años hasta la próxima conjunción menor en la misma triplicidad de los signos. En cuanto a las conjunciones menores de Saturno y de Jupiter, tienen virtud doble: la general dura por cerca de 20 años, la especial por un año preciso. Finalmente, la conjunción de Saturno y de Marte dura generalmente por 30 años, específicamente por dos años, particularmente por solo un año. (continuarà)